Montañas, Mostaza y Milagros

Ya les he contado mi primer encuentro  con las hierbas de olor. Ahora les relataré mi aventura con la salsa de  mostaza y  mis primeros invitados a comer- que dicho sea de paso- el Señor tenga en su santa gloria.

No recuerdo cual fue el motivo de la invitación y ahora que lo pienso me sorprende que ellos hayan aceptado aun sabiendo de mi ignorancia en los quehaceres culinarios. Ella era buena  cocinera y su esposo era un agradable y comprometido hermano en la obra del Señor. Ambos de edad avanzada; razón por la cual me animaba pensando  que  si se enfermaban, no se notaría mucho pues a los ancianos todo lo que comen  les hace daño.

Yo había encontrado en una revista sobre moda  una receta titulada “Pollo a la Mostaza” Los ingredientes eran fáciles de adquirir y no requería de mucho tiempo.  Una nota al pie de la receta indicaba que era ideal para las personas de la tercera edad. En primer lugar porque la mayoría de ellos solo pueden comer pollo y en segundo lugar, porque me aseguraba que  la acritud de la mostaza logra adelgazar las mucosidades descongestionando así  las fosas nasales de los catarrientos ancianos. Pensé que un “Arroz en tres tiempos” y una ensalada despeinada acompañando al Sr. Mostaza, sería suficiente.

Por esos días estaba de visita con nosotros una muy querida sobrina  que presumía haber estudiado cocina en la secundaria. Yo para nada me sentía intimidada con esos conocimientos. ¿Qué me puede enseñar esta niñita? De vez en cuando ella hablaba de lo que había cocinado en la escuela y yo con cara de “¿Deveras?” la medio escuchaba. Cuando ella supo de nuestro compromiso me dijo muy contenta,

-“Tía ,si quiere yo le ayudo”

-¡Claro!- le conteste aliviada.

Unos minutos antes comencé a cocinar el pollo siguiendo -según yo- al pie de la letra la receta. Mientras tanto mi sobrina  interrumpía mi concentración con preguntas y comentarios  como: ” ¿Ya lavó bien el pollo tía?” , “Yo también hice una receta así, nada mas que la mia……”; “¿ No le va a subir la flama?”,” ¿Y por qué no corta las verduras así, en lugar de asá?” ,”Debería de ponerle otro poquito de…” , etc.

Yo trataba de contestar pacientemente a todas sus preguntas  con  exclamaciones y respuestas cortas como: ¡Ah!, ¡Por supuesto!  ¿Tu crees?  ¡Claro! ¡Gracias!

De repente el timbre sonó. Los invitados estaban ya en la puerta y yo a la mitad del proceso creando todavía en el centro de la cazuela una gran montaña de ingredientes. Entonces, aceleré el paso….

-¿Qué esta haciendo tía?

– ¿Qué no ves? ¡Le estoy agregando la Salsa Maggie!

-Mmm…… tía….

-¡Y ahora qué quieres!

-Esa no es la Salsa Maggie…..

-¿No?¿Entonces qué es?

-Es la Vainilla…

Con los nervios y la presión extra  confundí el envase de la Salsa Maggie con el de la vainilla agregándole un poco mas de la cantidad que ameritaba pues ya para entonces la receta había sido desvirtuada con tanto consejo ofrecido por la experta  y aceptado por esta  novata para que me quedara mejor.

-¿Y ahora qué hacemos?

– ¡Pues lave el pollo!

-¿Cómo crees? ¡Ya ni modo! lo último que me falta por agregar es  la mostaza…

Como yo había escuchado el refrán: “En la cocina, si no te sale una cosa, te sale otra”, me consolé pensando que  acababa  de inventar- en todo caso -una nueva receta. Continué “cocinando”  a pesar de ver que  cuando agregué la mostaza, el guisado tuvo una reacción igual a la que hace el Alka-setlzer dentro de un vaso de  agua. El pollo  me parecía entonces, un volcán en erupción. El olor áspero y picante de la mostaza combinado con lo dulzón de la vainilla era francamente repugnante . Cuando no pude contener  tal efervescencia tapé la olla, bajé la flama y dije: ¡listo!

Entre  tanto, mi esposo abría la puerta y daba la bienvenida a los invitados que  experimentando el milagro que produce  el olor penetrante de la mostaza  ingresaron a mi hogar con un “Que rico huele” , inocentes y con un pollo rostizado que habrían comprado solo por si acaso.

Les sugerí que comiéramos solo el rostizado porque “creía” que mi guisado no me había salido muy bien, pero como ellos eran muy educados y no querían desairarme, insistieron en probarlo. Esperando un segundo milagro y rogando al cielo que no se les cayera la lengua en pedazos,  les serví a ellos el pollo retorciéndose en mostaza y vainilla.  Unos segundos despues   mi fe habría flaqueado pues a mi esposo y  a mi sobrina,  solo les serví del pollo rostizado  y yo  me limité  a comer arroz y ensalada.

Los años han pasado y todavía no logro superar el trauma del todo. Por eso, evito comer mostaza. Solo la uso para marinar de vez en cuando y de este modo aprovechar sus bondades.

Los que saben de las virtudes de la mostaza nos dicen que puede ser usada con efectividad no solo como condimento en la cocina sino también en la tina, ya que tomar un baño con mostaza amarilla por 15 minutos alivia los dolores de espalda causados por la artritis. Ademas, relaja los músculos tensos,  y puede  estimular y tonificar el rostro si se usa como mascarilla. Todo esto, siempre y cuando hagas una prueba preliminar para asegurar que tu piel no se irritará y que no saldrás de la tina como chicharrón prensado.  Por si fuera poco también puede ser útil para despistar a tu marido, ya que es capaz de  quitar el mal olor de las llantas de su auto  en caso de que no hayas visto cruzar al zorrillo.

En un pasaje muy conocido de las escrituras,  encontramos a Jesús mencionando éste ingrediente.

En Mateo 17:14-21 leemos el relato de un hombre que tenía un hijo epiléptico. Los comentaristas nos dicen que  esta condición no era conocida como tal en aquel tiempo  y es por esa razón que  la epilepsia  es atribuída en este pasaje, a la influencia maligna de espíritus inmundos. Este hombre, había traído a su hijo ante los discípulos de Jesús para ser sanado por ellos, pero los discípulos  no pudieron curarle de su mal. Mas tarde, al encontrarse  el padre del joven con Jesús, se postró a sus pies y le rogó que sanase a su hijo explicándole los síntomas de la  enfermedad y haciéndole también mención del fracaso de sus discípulos. Jesús, se  dirigió hacia el muchacho con autoridad y la enfermedad le dejó al instante. Cuando los discípulos se encontraron a solas con Jesús le preguntaron extrañados  porque no habrían ellos podido echar fuera al demonio ¿Acaso Jesús no les habría dado poder sobre los demonios? Jesús recurrió entonces a una imagen literaria: “Una semilla de mostaza” y  a una expresión proverbial conocida también entre los judíos y que significaba hacer algo extremadamente difícil o incluso imposible: “Mover una montaña” Y les dice, “Si tuvieras fe, como el tamaño de un grano de mostaza, le dirías a este monte ¡Quítate de en medio! y se quitaría. Nada les sería imposible. “

¿Nada?

Tan solo pensar en mover una montaña, nos parece un disparate, algo simplemente  contrario a la razón. Mas aun, si pensamos que esa montaña representa una situación  imposible de resolver y que puede ser movida con una fe  tan diminuta como una semilla de mostaza, que por sí sola, no nos sirve de mucho ni en la cocina.

Sin embargo, Jesús les dice: “Si tuvieras fe…” .

Mi descripción favorita sobre lo que es la fe  dice : ” Es el acto de la mente que avanza hacia lo que aun no ha sido explorado.”  Lo que me lleva a  reflexionar  sobre cuantas cosas hay imposibles de remediar en mi vida y en la de otros  tan solo porque yo no he tenido la suficiente fe o porque mi mente se ha negado a avanzar hacia lo inexplorado.

No se trata de tener fe en nosotros mismos, o en las palabras que decimos al orar o al pedir; tampoco se trata de un esfuerzo mental. La fe es entrega total, confianza absoluta, o como bien lo describe C.H. Dodd “Una actitud en la cual, habiendo reconocido nuestra insuficiencia total en lo que toca a cualquiera de las metas superiores de la vida, confiamos absolutamente en la suficiencia de Dios.”  Esta,debe ser  una fe razonada y basada, como toda fe comun-y que practicamos en el  diario vivir- en una relación genuina.  En este caso, es una relación con Dios mismo que nos hace responderle  positivamente al  decirle “Yo no puedo, pero tu si puedes”. Nuestra respuesta negativa hacia El, sería la duda y la incredulidad.

Entonces, nuestra semilla de mostaza es simplemente creer que Dios es la Causa de todas las cosas. No es la fe en la fe, ni la fe en la oración o en la religión. Es la fe puesta en quien TODO lo puede.  En otras palabras, decidimos creer y confiamos en que Dios obrará.

Al igual que los discípulos nos encontramos  faltos de fe ante  los obstáculos que se nos presentan en la vida.¿Cuantas  veces hemos terminado de orar pensando si servirá de algo orar ante una situación imposible? ¿y cuantas veces nos hemos  acercado a Dios pensando en  El, como el  genio de la lámpara maravillosa que sin nosotros conocerlo, ni El a nosotros, cumplirá todo lo que  le pidamos? ¿Cuantas veces hemos pensado que el milagro ocurrirá si tan solo nos esforzamos un poco mas? No, nuestras oraciones serán  tan solo  buenos deseos, desesperanzas y débiles aspiraciones si no hay esa clase de relación que llene  nuestro corazón de fe solamente en Dios.

La plegaria que pone su mirada en Dios y no en el tamaño de la montaña  puede removerla y  es ademas, una verdad liberadora para quienes piensan que Dios solo escucha a algunos. El escucha tu oración y la mía si tan solo tenemos fe en El.

¿Cual es la montaña que no has podido mover? Tal vez sea un sentimiento, una mal recuerdo, una conducta, una economía quebrada o la batalla contra una enfermedad. Jesús nos dice que es posible mover esa montaña  que se interpone  en tu camino para seguirle, y que dificulta e inmoviliza para hacer su voluntad. Si tan solo tenemos fe como un granito de mostaza, podremos mover montañas.

“..Que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia,alcanzaron promesas,taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos,evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extrajeros. ”  Hebreos 11:33-34

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