Fatigada y Bendecida.

Mi mamá formaba parte de un grupo que todos los lunes lo dedicaban al evangelismo y a la visitación. A mí me gustaba acompañarla porque la mamá de Carmencita también era parte del grupo y eso nos permitía a las dos volvernos a ver y continuar los juegos y pláticas que habíamos dejado pendientes el día anterior. Pasadas algunas semanas el grupo creció y con ello la asistencia de los niños. De repente  y  sin consultarnos nos dijeron un lunes que una de las damas se haría cargo de nosotros; que nos cuidaría,que nos portáramos bien. Y ahí nos tienes. Siete preciosas y tiernas criaturitas sentadas en la mesa del comedor esperando aunque sea un vaso de agua fresca.

-¿Quién de ustedes quisiera ayudarme a  disfrutar de una rebana de pastel?- Nos preguntó entusiasmada la sonriente dama.

La alegría que ella mostró en su rostro me hizo pensar que sería algo divertido, entonces  me apresuré a levantar la mano para que Carmencita no me ganara.

-¡Muy bien Sonia!- me dijo sonriendo de nuevo, y luego agregó,

-Pero primero debemos trabajar un poco para poder disfrutarlo mejor.  Además, el trabajo es una bendición de Dios – Tomándome de la mano me llevó a su cocina y luego me dijo:

-¿Ves todos estos trastes sucios? Han estado así desde la mañana y tu tendrás la bendición de lavarlos y dejar todo en orden.

Ahora entiendo que  mientras me explicaba el procedimiento yo observaba sorprendida como  sus ojos se iban cambiando  hasta llegar al punto de convertirla a ella en Mrs. Miyaggi y a mi, en  Sonia San, de la película Karate Kid 1

-Aquí tienes el jabón ….y por aquí esta un secador.  Los enjuagas de este modo y los colocas por acá. ¡Ah! y no los vayas a romper…..  Solo recuerda que debemos  hacer todo como si fuera para Dios.

Luego se encaminó hacia el comedor para  preguntar a los demás quien quería ser el siguiente. Como ellos no me podían ver bien y no habían escuchado de qué se trataba, tres niñas levantaron la mano. Desde la cocina traté de hacer señas a Carmencita ondeando el secador para que bajara la mano. Pero era demaciado tarde. La había escogido  y su trabajo sería barrer el inmenso patio.  Así continuo repartiendo bendiciones hasta llegar a la inocente Teresita de tan solo cuatro añitos a quien se le confirió la ardua tarea de poner la mesa doblando a la perfección servilletas.

No había lavado ni tres vasos cuando ya mis pensamientos comenzaron a atormentarme…

-“¡Que trabajo, ni que recompensa, ni que nada! ¡Esto no es para Dios!. En mi casa le llamamos limpiar. Si  no quería cuidarnos, ¡Solo tenía que decirlo!Pobre Teresita….. ¡Esta tan chiquita!Apenas alcanza la mesa….Y pensar que yo en mi casa ni mi plato recojo y ésta hermanita aquí, ¡Abusándome!”

Después de unos segundos….

-¡Los voy a lavar como pueda porque ya me mojé toda!

Después de unos minutos…

-A mi mamá no le va a gustar ver a su bebé lavando  trastes. ¡Tanto que me cuida mi mamita para que no me ensucie! Me pregunto, ¿Que dira la mamá de Carmencita? Ya esta toda polveada y con las calcetas  negras por tanta tierra que ha barrido.

Después de un rato….

-¡No se vale!¡ Les esta sirviendo pastel  mientras yo sudo la gota gorda tallando este sartén.

Sentí un gran alivio cuando por fin escuché los pasos del grupo de damas que venía de regreso. Pensé entonces que mi plan de último minuto de hacer tiempo para que mi mamá viera lo que la malvada dama me había puesto a hacer , había funcionado.  Me preparé para ver la cara que pondría  cuando mi mamá le reclamara por poner a su bebé a realizar labores propias de la servidumbre. Hasta llegué a pensar: “De aquí nos vamos a la cafetería mi mamita y yo a comer un mejor pastel”

-¿Qué estas haciendo?- Me preguntó mi mamá un tanto extrañada.

Con carita sufrida le conteste,

-Aquí…. dizque, “bendecida” ¿Tu crees?

Haciendo uso de mi habilidad para la actuación, logré que una lágrima comenzara a salir de mi ojo izquierdo. Fue entonces cuando mi mamá no pudo contener la risa y con una carcajada fue a felicitar a la inicua dama diciéndole lo que todos los hijos alguna vez odiamos oír:

-¡Que bueno que puso a Sonia a lavar los trastes! porque ella no se acomide para hacer algo en la casa….¡No levanta ni su plato! Para la otra, póngala también a barrer y a trapear el piso.

¿Para la otra?  ¡Cual otra!  Si saben contar….¡Conmigo no cuenten,yo ya no vuelvo a venir los lunes!  Pensé.  Pero como no me mandaba yo sola, el siguiente lunes y  a la misma hora, me encontraba sentada en la mesa del comedor junto con los otros seis niños que tampoco gozaban de libre albedrío. A veces pienso que aquella dama fue la culpable de que yo odiara tanto lavar los trastes. Tu me entiendes,”Traumas de la niñez”

Que diferente hubiera sido si en el proceso simplemente hubiera disfrutado del trabajo y después de la rebanada de pastel que por cierto, se me cayó al subir al carro. ¿Cómo podría sentirme bendecida? Trabajé mucho, me cansé y no recibí lo que yo había mal entendido  era la bendición.

Lo cierto es que cuando me casé por mas que trataba de encontrar la bendición  al cocinar no lo lograba porque me centraba solo en el resultado. Y como el resultado era desastroso, me desanimaba. Luego vendrían las quejas y el mal humor que me producía la presión de tener que cocinar día a día. Mis pensamientos comenzaron a simpatizar con movimientos feministas, la lucha por alcanzar  la igualdad y por legislar  el trabajo doméstico remunerado. Debido a que  mi lucha por ser emancipada concluía en una quimera busqué un trabajo para poder pagarle a alguien que nos hiciera de comer, o ya de plano, comer fuera de casa.  Todo iba de maravilla hasta el día en que la cigüeña me envió un aviso.  Cuando el bebé nació, mi suerte cambió.  Ya no podría trabajar y tendría que cuidar de ese pequeño a quien además habría  que enseñarle  a comer.

Al salir el sol y abrir mis ojitos cada mañana pensaba, ¿Que haré de comer hoy? ¡Que fastidio! Cada día era igual, la misma aflicción, la misma tortura y hasta el mismo menú porque a la hora de la hora no se me ocurría intentar algo nuevo.  ¡No le encontraba el sentido a mi existencia¡ De ahí que por las noches vendría la reflexión al estilo Descartes:

” Pienso, luego……. busco una cocina económica”

El escritor de Eclesiastés parece conocer bien de lo que estoy hablando y nos ofrece en su literatura sapiencial  una pregunta central que trastoca nuestra mente y que tiene que ver no solo con la cocina sino con todo trabajo cotidiano : ¿Tiene algún sentido o  significado   lo que yo haga en este mundo?

Durante su discurso examina la vida<debajo del sol> para determinar si hay alguna felicidad en el día a día. Como resultado de su reflexión,  nos entrega una crítica al materialismo  que concibe el mundo como un fin en sí mismo y  que   convierte la vida en vanidad; al mismo tiempo,  nos exhorta a alegrarnos en el trabajo haciendo  una diferencia del estilo de vida que teme a Dios en cada aspecto y que le da por ello significado. Solo Dios es el que da el trabajo, la posibilidad de gozarse y disfrutar del mismo.

“He aqui, pues, el bien que yo he visto:que lo bueno es comer y beber y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol,todos los días de su vida que Dios le ha dado;porque esta es su parte” (Eclesiastes 5:18)

Ahora bien, ¿Cómo hacer del trabajo un placer? Comprendiendo lo que Dios quiere de nosotros y cambiando intencionalmente nuestra actitud mental hacia ello.

W. Eichrodt lo describe así :”Al distribuir el autor toda la actividad creadora a lo largo de una semana,concluyendo con un día de descanso,atribuye a una descisión primigenia la creencia de que el hombre no esta en la tierra para una vida placentera y sin preocupaciones tal y como dicen numerosos mitos sobre los primeros tiempos de la humanidad sino que ha de desarrollar sus aptitudes y potencias mediante un trabajo útil en el cual posee un trasunto de la actividad creadora y de la alegria del mismo Dios.  Es Dios quien introduce este concepto antes de la caída, y  pide a Adán nombrar a los animales , administrar el jardín de Edén y preparar su propia comida de las plantas y árboles que ha creado.”

Podemos decir entonces que  el trabajo cotidiano no es una condición o un castigo como consecuenca del pecado. Es  una bendición  porque provee sentido a la vida a través de los desafios que nos presenta, por el entusiasmo, creatividad y sentido de  aventura  que nos hace desarrollar. También, porque a través de nuestro esfuerzo, dolores de cabeza, lágrimas y hasta molestía por no alcanzar-en ocasiones- el resultado esperado nos lleva a darle valor al mismo. Dios quiere que nuestras actividades cotidianas  sean una expresión natural de lo que somos a través de las habilidades que El nos ha dado. Una oportunidad de desarrollar todo nuestro potencial y de estirar al máximo nuestras capacidades.

Tal vez nos cueste trabajo realizar cierta tarea porque contenga elementos emotivos que nos hagan justificar nuestra dilación  o apatía; entonces, debemos buscar la ayuda  divina para llevar a cabo nuestro trabajo. No basta con saber que a El le agradaría que lo hicieramos de buena gana;hay que esforzarse. Si tomas una actitud quejumbrusa ante lo que te cuesta trabajo realizar,  sentirás descontento  y en consecuencia, apareceran  los pensamientos desagradables y las comparaciones de  tu trabajo con el de los demás dejando como resultado una desazón constante.

Desde la persona que limpia los baños y los deja inmaculados hasta el empresario  que cierra un trato de alto nivel; desde  la cocina,  la fábrica o  la oficina, la idea de reverenciar a Dios incluso con nuestro sudor transforma  el significado  de nuestra vida pues es lo que Dios desea y lo que nosotros le debemos ofrecer con gusto. Como bien lo expresara Leonardo da Vinci:

Tú, oh Dios, nos vendes a nosotros todas las cosas buenas al precio de la labor. El trabajo es la semilla de la cual crecen todas las cosas buenas que Tú esperas”-

¿Qué actividad cotidiana te atormenta mas? Puediera ser algo sencillo como el ir a hacer los pagos, ayudar a tus hijos con las tareas escolares, hacer las compras, lavar el carro ó tal vez sean situaciones mas complicadas que tienen que ver con  la profesión que ejerces y  que brinda sustento a tu familia .

Tal vez,el primer reto que se te presente sea el de teminar ese trabajo que has dejado a medias por varias semanas o  meses; de hacerlo,  tendrás la oportunidad de  comenzar a practicar las virtudes de Dios quien no descansó hasta terminar su obra creadora.

Eclesiastés nos muestra  cuan aburrida, tediosa y vacía es la vida si dejamos de lado el temor a Dios y la obediencia a sus mandamientos (12:13). Depende de nosotros que la labor humana sea una  actividad que al fatigarnos nos convierta en  personas  bendecidas por Dios.

“También les dijo: Yo les doy de la tierra  todas las  plantas que producen semilla y todos los  árboles  que dan fruto con semilla; todo esto les servirá de alimento. ”  Génesis 1:29 NVI

 

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