El Cernedor.

Uno de los utensilios indispensables para elaborar ciertas recetas que requieren  de harina, es el cernedor.  El y yo nos conocimos allá por la década de los ochenta, cuando en un “Curso intensivo” de repostería hubo necesidad de usarle. Y es que, en aquella época, cuando tu novio te preguntaba si sabías cocinar, la respuesta mas socorrida era:

“Cocinar lo que se dice cocinar, no. Pero sé hacer muchos postres, tú sabes…gelatinas, pasteles, flan, dulces y todo eso.”

Por supuesto que el aspirante a esposo en cuestión se imaginaba los mas exquisitos manjares:  Gelatina almendrada y kiwi caramelizado, budín austriaco, islas flotantes con rompope,trufas de chocolate, etc. En el último de los casos,  un arroz con leche. La desilusión aparecía cuando ya de casados, la ahora esposa le ofrecía  a duras penas,  una gelatina de agua   marca Pronto.

De ahí mi interes por tomar dicho curso y adquirir algunas nociones sobre el tema.

Pues bien, la instructora me dijo que debía  cerner la harina ofreciéndome  un cenedor el cual  me pareció ser un instrumento divertido y hasta moderno. Su función era y es, evitar los grumos en las preparaciones de tal modo que,cuando probemos el pastel no obtengamos de el  ese desagradable sabor amargo que produce la harina seca y compacta. El cenedor es entonces un aliado y aunque su trabajo es muy sencillo,  marca la diferencia entre una deliciosa rebanada de pastel y un intento del mismo.

El cernedor tiene mucho que ver con una palabra que se usa frecuentemente a la hora de elaborar un juicio o tomar una decisión, y es la palabra discernimiento; del latin dis-cerno  y  que significa separar una cosa de otra, señalando la diferencia principalmente en cuanto al valor moral de las cosas. Nos ayuda entonces a distinguir lo bueno, de lo malo.  ¡Quien  pudiera tener buen discernimiento para desarrollar una personalidad estable e íntegra! Sin embargo, lastimosamente, encontramos grumos aquí y allá.

Considero que creamos un grumo cada vez que confiamos mas en la suerte y la ficción, que en hechos reales. Tal como el pesimista que cree con facilidad lo que teme; o como el optimista que cree que le sucedera todo lo que quiere, con solo desearlo. Lo mismo sucede cada vez que emitimos un juicio definitivo basados tan solo en  una actitud, en un  rostro o en un comentario sin tomar en cuenta otros aspectos.  Al considerar un gesto sospechoso en apariencia, como pudiera ser un ceño fruncido, el cual podría significar dolor, perplejidad o tristeza y no necesariamente amargura; o  cuando consideramos erroneamente una sonrisa amplia, que  pudiera significar tan solo hipocresía y una mala intención. ¡Cuantos problemas evitaríamos! Si tan solo pudieramos discernir y no  solo criticar o hacer uso de la ironía o la burla, como resultado  de un juicio erróneo que -dicho sea de paso  son, ambas-   la forma mas vil y cobarde de demostrar a todos la inferioridad propia.

¿Es posible  encontrar un cernidor que nos evite los sinsabores de la vida que producen las malas decisiones y los malos pensamientos? De encontrarlo, podríamos responder como Jesus ante la mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio, que lejos de juzgarla duramente, vió en ella algo bueno, y la perdonó,  librándola así de la muerte. Podríamos alejarnos de ideas locas y en consecuencia tener un caracter equilibrado capaz de apartarnos del árido intelectualismo, que produce individuos sin sentimientos;y  también, del misticismo exclusivo que solo produce individuos desequilibrados, estrechos de miras  e incompletos. Podríamos también seguir perfectamente el consejo del apóstol  Pablo de examinar todo desechando lo malo e inservible y  preservando lo esencial para obtener un  resultado óptimo.

La única manera  que se me ocurre es  internar un cernedor en el corazón y en la mente que nos ayude a filtrar nuestra emociones y  que nos ayude a depurar nuestros pensamientos de tal forma que el producto que ofrezcamos a los demas y a Dios, sea dulce  y armonioso.

He descubierto- como muchos- que la Palabra de Dios es el cernedor por excelencia y un aliado en la cocina de la vida propia; pues cuela los pensamientos y separa los impulsos.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y que penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” Hebreos 4:12

Esta porción, escrita por hombres  sencillos pero  inspirados por Dios mismo, nos recomienda  la lectura asidua de ella para lograr llegar a ser el mejor postre que Dios ha creado.

Permite pues, que El Cocinero por excelencia use el cenedor en tu vida, internando diariamente Su palabra en ti.

 

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