Requisitos para servir la mesa

A todas las prófugas de la cocina nos encanta que nos inviten a comer cuando ya es tarde  y nuestra cocina todavía luce tan desolada y vacía como el ropero de Tarzán.

A algunas de nosotras no nos importa tanto el lugar y lo que habremos de comer. Con tal de no cocinar….lo que nos sirvan y como nos lo sirvan, es bueno. En cambio, para otras,  ademas de que nos agrada que sea un buen lugar y que la comida este sabrosa, pedimos  se nos trate con la amabilidad y gentileza a la que estamos acostumbradas.  La actitud del mesero  o mesera que nos atenderá será entonces importante: Que nos atienda con cortesía, que no hable demasiado, que este al pendiente, que nos sonría, que nos ofrezca la especialidad de la casa y que no nos apresure con la cuenta.

Esta situación ideal  tiene una variante cuando se trata del domingo, ya que de vez en cuando la iglesia organiza una comida.  Podrás disfrutar la ocasión,  o te causará un dolor de cabeza   sobre todo si  te toca cocinar debido a que otras prófugas ya se te adelantaron con los platos desechables, las bebidas y el pan. Desde el momento  que te das cuenta que no tienes otra salida, comienzas a elaborar algunas  ideas creativas como: ” ¿..Y si compro unos pollos rostizados?” o  ” ¿…Y si encargo unos tamales?” .  Mientras tanto,  imaginas a las que si les gusta cocinar elevar sus apuestas augurando tu cruel fracaso.  ¡Si lo sabre yo!

Peor aun es darse cuenta de cuantos conflictos rodean una simple comida en la iglesia. Comentarios como “Así no se sirve ese platillo” , ” ¿Por qué sirvieron tan poquito?” y ” Ustedes solo vienen cuando hay comida”  tienen el potencial de desatar la madre de todos los conflictos en la iglesia. ¿Cuantas damas  no regresaron jamas  porque nadie probó lo que cocinaron? y ¿Cuantas familias se sintieron menospreciadas porque tardaron en servirles de comer?

Todo, por querer convivir como lo hiciera la iglesia primitiva.

Sorprendentemente, uno de los primeros problemas de la iglesia en sus inicios tuvo que ver también con la comida. (Hechos 6: 1-7 )

Es interesante notar cómo el escritor a libro de los hechos no nos esconde nada y nos presenta a la iglesia tal y cual fue  en su desarrollo. ¿Te sorprende? A veces pensamos que cuando surgen problemas en la iglesia es porque estamos en la congregación equivocada. Sin embargo, la escritura nos muestra que la iglesia no es perfecta,  simple y sencillamente porque las personas que formamos parte de ella, no lo somos.

El pasaje nos dice que la iglesia contaba entonces con un programa alimenticio que tenía como objetivo llevar a la práctica  las enseñanzas  de Jesús. Algunos comentaristas  nos sugieren que era tan solo un banco de comida y no precisamente un comedor en donde las viudas- que se contaban entre las personas mas desamparadas-  iban a recoger su dotación diaria.  Para el tiempo en el que ocurre este relato la iglesia ha crecido a tal grado que los problemas comenzaron a surgir.  Leemos  que las viudas griegas se inconformaron porque a su parecer la distribución estaba siendo desigual: Los griegos se sentían menospreciados por los hebreos. El problema  llegó a oídos de los apóstoles cuando ya las murmuraciones estaban en su punto máximo. Entonces, había que actuar rápido. No se trataba de  un problema doctrinal o teológico. Era un problema de discriminación y un asunto práctico que necesitaba una solución de igual manera.

Ante tales circunstancias, los apóstoles convocaron a los discípulos y les pidieron  se  nombrara una comisión de siete varones  de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría para llevar adelante tal empresa. No esta  claro si este acto fue realmente el origen del diaconado o tan solo una manera de solucionar la situación de forma inmediata. Su tarea les permitiría a los primeros apóstoles enfocarse en la predicación y la enseñanza.

Los creyentes escogieron sabiamente a siete griegos llenos del Espíritu Santo y con suficiente amor y tacto para servir a las viudas griegas. Entre los siete nombrados se encontraba Esteban, el primer mártir de la fe y Felipe, quien fuera predicador y evangelista después de la muerte de Esteban. No eran hombres llenos de dones espectaculares, eran personas dotadas espiritualmente. De esta manera, los diáconos se dedicaron  a ministrar a los necesitados.

La palabra “Diácono”, (Diakonos) se traduce básicamente como un servidor o camarero y a menudo se refiere a la persona que sirve a la mesa. Interesante, ¿No? Me maravilla descubrir que a las primeras personas a quienes se les impusieron las manos en la iglesia fuera para desarrollar un servicio cotidiano como lo es servir una mesa y no para predicar.

Gracias a Dios por los que predican, los que dan clases, los que cantan en el grupo o son miembros de alguna junta. Todas los ministerios que ofrece la iglesia son importantes cuando se hacen en el nombre de Jesús. Pero ministrar es lo que hacemos por y para Cristo en otros y a cada momento en nuestra vida. Entonces, no son solo los mega- programas de la iglesia  los que cuentan, también lo es cuando servimos la mesa dentro y fuera de la iglesia.

Recuerdo el testimonio de Silverio. Un ex-convicto que contaba con lágrimas cómo una mesa adornada para celebrar su cumpleaños en la cárcel, le devolvió la fe en Dios.  De igual manera,  los comensales buscaran también algo de ti en tu mesa. El cansado, la amenidad de tu conversación; el pobre, tu alimento; el triste, tu consuelo;el débil, un estímulo y el que lucha, una ayuda moral. Me pregunto cómo se sentirían las viudas necesitadas. Imagino que no era solamente un “Aquí esta su dotación señora” debía de haber en ello además ternura y amor. De esta manera la iglesia cumplió su propósito de ir por todo el mundo llevando el evangelio de Cristo y se convirtió en un anticipo del Reino.

Que rápido surgen los problemas en la iglesia y que rápido se encuentra la solución donde reina un verdadero interés por agradar a Dios. En este sentido la iglesia primitiva es una iglesia modelo. Porque ante los conflictos pudo resolverlos de una manera sabia gracias a la intervención del Espíritu Santo y a personas que cumplían con los requisitos para servir en las mesas.

“Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.”

-Jesús.

                                                                                                                                      (Lucas22:27)

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