Una Pizca de Sal.

Lo peor que le puedes decir a una prófuga de la cocina después de que se ha pasado horas cocinando, es que a la comida le hace falta sal. Pero, ¿Qué pasaría si la sal dejara de existir? He aquí algunas ventajas…

  • Habrían menos disgustos entre esposos y por ende menos divorcios.
  • Podríamos nadar en el mar y tragar toda el agua que quisiéramos.
  • No habría tantas personas sufriendo  de hipertensión.
  • Las niñas dejarían de comer chucherías al salir de la escuela.
  • Existirían menos supersticiosos.
  • La comida de los hospitales sería exquisita.
  • Los  enamorados no harían  mas poemas a las lágrimas saladas del ser amado.
  • Los niños ya no se comerían los mocos.
  • Ronald McDonald no sería tan famoso.
  • Y a las cuarentonas como yo no nos pedirian hacer  la prueba del salero…..

Lo cierto es que no podríamos vivir sin la sal ya que es necesaria para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo y la industria en general.  La sal, es posiblemente el condimento más antiguo empleado por el ser humano y es el que proporciona a los alimentos uno de los sabores básicos: el salado.

Esto me recuerda al automovil de un pariente al que le pusieron por sobrenombre “El salado” pues  desde que lo compraron chocaron con él a medio mundo en el vecindario. La suerte del pobre auto fué empeorando cada vez más hasta llegar al colmo de ser golpeado por otros autos estando estacionado. ¡Si que estaba salado!

También me recuerda la ocasión que agregué una porción de sal de más al guisado. Todo por querer hacer uso de mis superpoderes haciendo mas de cinco cosas al mismo tiempo: cocinar, textear, leer mi correo y llorar viendo mi novela favorita. De repente, por azares del destino y no por costumbre, se me ocurrió probar el guisado. Las diez mil papilas gustativas que cubren la superficie de mi lengua protestaron y por un instante pensé que la lengua se me caería en pedazos; aunque eso sería lo de menos, pues mis hijos y mi esposo estaban por llegar a comer después de un largo día de escuela y trabajo. Comencé a preguntarme: ¿Y ahora, quién podrá ayudarme? Una luz proveniente de la pantalla de cristal líquido (LCD) me iluminó y fué entonces cuando el buscador Ask (me) prometió ayudarme y resolver todas mis dudas. Ingresé la palabra “Sal” y descubrí que la sal puede ser el elemento clave para la vida en Marte y que los científicos han confirmado dos cosas: Que el planeta rojo cuenta con una gran cantidad de hielo y que hay en él, mucha, mucha sal. Lo que me hizo pensar también en dos cosas: que mi guisado sin duda les encantaría a los marcianos y que huir de la cocina  rumbo al planeta rojo desataría la guerra de las galaxias entre mi familia y yo.

Igualmente interesante fué saber que Estados Unidos es líder mundial en producción de sal seguido de China, Alemania, India y Canadá.  Al seguir leyendo descubrí sus múltiples usos en la vida diaria. Puedes limpiar flores artificiales, prolongar la vida de la escoba, quitar las manchas de la alfombra, aliviar los piquetes de abeja, desodorizar los tenis, alejar las pulgas, evitar las manchas en el horno, desorganizar un desfile de hormigas, destapar el drenaje, apagar una chimenea, aromatizar el ambiente, limpiar la pecera y combatir la caspa…pero mi guiso seguía salado. Entonces ingrese la frase “Remedio para la comida salada.”  Después de seguir el consejo al pie de la letra, agregando dos papas al guiso para absorver el exceso de sal, obtuve como resultado un guiso salado y un par de papas super saladas. Me sentí fatal. ¿Qué culpa tenían las papas de mi descuido? Aunque hubiese querido tener visión microscópica, me quedaba claro que ni ellas ni yo podíamos recuperar en su totalidad el exceso de sal pues ésta se había ya infiltrado en el guisado. Puse entonces en marcha el plan “B” que consistía en dos jarras de agua para ir alternando bocados y tragos de agua durante la comida  y para contrarestar la sed después de comer.

Esta experiencia me hizo comprender una verdad universal: Los alimentos no tienen ninguna clase de poder ante la sal. Una vez que has salado la comida, permanecerá así para siempre. En cualquier otro caso, no importa si solo agregamos una pizca de sal en los alimentos, no podran resistirla y obtendran sabor.

La Escritura nos dice que lo mismo sucede con cada cristiano en el mundo. En Mateo 5:13 Jesús declara categóricamente a sus discípulos: ” Ustedes son la sal”.  No les dice: “Ustedes deberían de ser la sal”  ó  “Traten de ser la sal”. Somos la sal y el mundo no tiene el poder de resistirse ante los valores cristianos. El más sencillo testimonio de una vida cambiada por Cristo hoy, causará su efecto en un mundo decadente.

Aunque la sal en mi guiso desapareció ante mis ojos, el sabor quedó. Lo  mismo ocurre con nosotros – La iglesia de Cristo- dispersa alrededor del mundo y cuya operación silenciosa y a veces invisible, logra tener una influencia poderosa y notoria contra la corrupción y el pecado.  Aquí y allá escuchamos  testimonios de vidas transformadas y hoy  más que nunca habemos cristianos en las diferentes  esferas de la vida. La condición única e indispensable para que la sal sea eficaz es teniendo contacto directo con los alimentos. Entonces, nuestra tarea es simple: Salir del salero y entrar en contacto con el guisado de las actividades cotidianas.

Alguien ha dicho que las bienaventuranzas descritas por Jesús y que anteceden éste versículo, son las cualidades mismas de la sal. Aquellos que procuran vivir con sencillez, que lloran por la condición en que se encuentra nuestro mundo, que son compasivos y no vengativos; testigos comprometidos aun a pesar de la persecución y que al ir recorriendo la tierra con vidas completamente rendidas a El, estan ahora mismo permeando, saturando, impregnando, purificando, conservando; derritiendo el hielo de la apatía y generando hambre y sed de Dios.

Hace poco conversé con una amiga que sufre de presión arterial alta. Los médicos le han prohibido comer sal. Ella ha buscado y probado todos los sustitutos de sal que hay en el mercado; sin embargo, según sus palabras  “No hay nada que sustituya el sabor que da la sal a los alimentos” . De igual manera, las naciones estan hambrientas de buen sazón y buscan satisfacerse dando sabor a su vida con condimentos que sustituyen la verdad. De ahí la importancia de conservar el sabor en nosotros mismos para no llegar a ser desecho y escarnio de los hombres. Seamos ejemplo de restauración y esperanza al vivir vidas santas que enriquezcan nuestra sociedad. Una sociedad que sufre de la simpleza que produce la ignorancia de Su Palabra. Jesús, es quien nos pide ser responsables. Solo nosotros podemos dar sabor de Dios, sabor de amor y de perdón.

Esta es una verdad que debe ser creída no solo porque vemos sus efectos diariamente, sino porque Jesús mismo lo dijo: Somos sal.

“Este es un pacto perpetuo, sellado en mi presencia, con sal. Es un pacto que hago contigo y con tus descendientes”    Números 18:19b NVI

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