Jesus tiene sed

En el día mas oscuro de la humanidad, nuestro amado Salvador colgado en un madero, sintió sed.

¿Quién podría haber imaginado que aquel bebé nacido en Belén terminara de esa manera? Crucificado por hombres pecadores que quisieron callar la voz que les hablaba a lo mas oculto de sus almas y que ponía  – según ellos- en peligro su prestigio, sus posesiones, su influencia…Lo crucificaron y se pararon frente a la cruz para verle morir. Algunos mas, ignoraban el hecho y se preparaban para guardar el sábado.

Juan, el discípulo amado nos ofrece  -en un pasaje solemne y sublime-  el momento en el que el Redentor  muestra su humanidad al exclamar en la cruz “Tengo sed.” (Jn 19:28) Los expertos nos dicen que la sed que Jesús sintió la produjo la pérdida de sangre, la fiebre, el sudor y la angustia que sufrió. A Juan, no parece extrañarle que Jesús tuviera sed, sino mas bien que lo dijera; por eso, lo escribe y nos regala con ello esperanza para nuestras aflicciones. Recordemos que Juan nos presenta a Jesús como el Hijo de Dios, “…y para que creyendo en El, tengáis vida en su nombre” (Jn.20:31). Lo que nos lleva a pensar que Jesús nos comprende cuando el trabajo arduo y la enfermedad mortal nos producen sed. De igual manera, cuando la sed de ser amados y comprendidos nos agobia.  En éste pasaje, como en muchos otros, encontramos a Dios y al hombre tocándose física y literalmente en Cristo.

¡Oh! ¡Si tan sólo pudiera estar frente a esa cruz como lo estuvo Juan! ¡Trataría de mitigar su sed causada por tanta sangre derramada por mi culpa! Hoy, me presento ante su cruz para rendirme entera ante sus pies; para entregar mi vida a su servicio, como El entregó  su vida por mí; para rogar ponga en mí su sed por los perdidos hasta llegar al punto de no poder mas y así, abandonarme ante la voluntad del Padre, como El lo hizo.

Tristemente, el mundo de hoy sigue crucificándole y se detiene un segundo frente a la cruz sólo para verle morir. En dias tan sagrados como lo son éstos, se espera que muera pronto para poder pensar en balnearios, en fiestas, en descanso…Ante su sed, se le ofrece la hiel de la superficialidad, de la apatía, del pecado y de la impiedad.

La buena nueva es que Jesús murió, pero también resucitó. Y se le puede encontrar hoy incluso en los lugares menos inesperados. Solo tienes que pedirle abra tus ojos para poder verle cerca de ti. Yo le he visto entrar en la cocina. Sediento. Con sed de justicia por los menospreciados, sed de amor por los olvidados y con sed de perdón para cada uno de nosotros. También, con sed de escuchar mis oraciones, mis cantos, mis versos y mi risa. Como bien lo expresara la Madre Teresa, “Una sed de amar y ser amado por el hombre, una sed de despertar la sed del hombre por Dios, un ansia por salvar la humanidad y a las almas a través de su amor extremo..”

Ojalá que puedas tú también ver a Jesús en la cocina. Sediento de ti; y así, le pidas cambiar tu ser en agua, para que El pueda beberte y tenerte para siempre en su ser.

“…Y el que tenga sed, venga; y el que quiera tome del agua de la vida gratuitamente.”  Apocalipsis 22:17b

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