Miel que Sana.

Las tardes lluviosas me recuerdan  mi ciudad y mi niñez.

Mi abuelito solía llevarnos de paseo a Chapultepec casi cada miércoles. ¿Lo que mas me gustaba? Subir por el elevardor al Castillo y contemplar la ciudad desde ahí. Por unos instantes imaginaba ser la princesa que  mas tarde perdería todo el estilo al descolgarse de una polea en el parque.

Además de  serpentear por el bosque y  comer todo cuanto quisieramos completabamos la tarde disfrutando de alguna película. Por lo regular, al salir del cine  comenzaba a llover, y al igual que los demás  nos cubríamos de la lluvia donde podíamos. Algún  comercio abierto, cafetería o incluso  lo estrecho de un  puesto de periódicos eran nuestro refugio mientras esperabamos el camión que nos llevaría de regreso a casa.

-“¡Tengan cuidado por donde pisan!¡No quiero que se mojen y luego se enfermen!”- Nos decía siempre con cierta preocupación…

Una de las ventajas que se tiene cuando te enfermas a esa edad es que no tienes que ir a la escuela.

En vista de que los resfriados frecuentes eran mis males  -intencionalmente- gozaba a mis anchas brincando en los charcos con la esperanza de que alguna fiebre hiciera aparición pues no quería despertar con la siempre estresante sensación de tener que ir a la escuela sin haber hecho la tarea. En caso de que mi plan no funcionara, siempre habia una segunda opción y era la de fingir el resfriado cual Elliot en E.T. The Extra-Terrestrial.

Al dia siguiente, la alarma del despertador hacia que mi hermana dejara la cama de un brinco  con singunlar alegría. Yo, en cambio, me levantaba a las cansadas y con la elegancia de una gallina enferma, es decir, a traspiés  y despeinada a mas no poder.

-Que tienes?- Me Preguntaba mi mamá.

-Me siento mal, me duele la garganta…..

Para cuando mi mamá me tomaba la temperatura el llanto se había apoderado de mi, sentia dolor de cabeza y escalofrios. Cuando por fin sentía que estaba a punto de escuchar la esperada frase de “Es mejor que no vayas a la escuela…” mi  hermana interrumpia sin compasión mis planes sugiriendo con malicia “¡Inyectenla para que se le quite!.” Complicando de ese modo  mi existencia.

Ante tal amenaza no me quedaba de otra que  suplicar el jarabe elaborado a base de miel de abeja. Remedio dulce y eficaz que me aliviaba sin causarme  terror ya que su textura espesa es ideal para aliviar el dolor de la garganta irritada.

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He leído que en tiempos antiguos, los doctores  la llevaban  en sus maletines y que su uso no se limitaba a aliviar la tos y los resfriados.            También era usada como antiséptico ya que  una pequeña cortadura o rasguño podían volverse mortales en aquellos tiempos pero  gracias al peróxido de hidrógeno y propóleos que contiene, las bacterias podían ser aniquiladas.

El efecto que produce la miel en las heridas difíciles de sanar es excelente. Su alto contenido de azúcar extrae la humedad de las heridas y niega  a las bacterias el ambiente húmedo que necesitan para sobrevivir. También impide la entrada de contaminantes externos nocivos.

La miel  ha sido empleada para tratar problemas superficiales de los ojos y como remedio para una variedad de molestias gastrointestinales como las ÚLCERAS y el estreñimiento. Contine cantidades mínimas de vitamina B, aminoácidos y minerales y  sin embargo es una fuente de energía, de acción rápida que vigoriza los músculos cansados.  Por si fuera poco, también es usada para combatir las machas de la piel causadas por la edad.  ¿No es sorprendente?

¡Cuanta razón tuvo el salmista! Al escribir,

¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Son más dulces que la miel a mi boca! (Salmos 119:103)

La lectura, meditación y aplicación de la palabra de Dios a nuestra vida, no solo nos alivia del mal, impide su entrada.

Nos ayuda  a identificar nuestros fallas. Nos hace hablar sin temor a otros de las maravillas  de Dios y nos hace a  ver con claridad pues imparte sabiduría y es una lámpara que alumbra nuestro camino.

Nos proteje y nos previene a la hora de tomar decisiones. Es el remedio eficaz para sanar las heridas del alma, nos consuela y combate la ÚLCERA de la inseguridad dandonos paz.

Cada porción contiene las vitaminas  necesarias para el perfecto equilibrio de nuestra vida y es el mejor energizante para cuando sentimos que ya no podemos mas. Su consejo nos alienta y renueva nuestras fuerzas dandonos esperanza aun cuando el panorama sea oscuro y el paso del tiempo quiera manchar nuestra piel. Contiene todo lo necesario para que podamos  tener un encuentro genuino con Dios no importando la edad.

Las escrituras son el alimento del espíritu por excelencia y debemos acercarnos a ella con atención pues como dice el refrán popular “No nutre lo que se come, sino lo que se digiere.”

Es por eso que Dietrich Bonhoeffer, el pastor alemán  considerado martir de la fe cristiana nos recomienda aceptar la Escritura y meditarla hasta que ésta se haya adentrado en nuestro ser y haya tomado posesión total.

¿Te sientes enfermo, herido o sin fuerzas?  Acércate a El a traves de la lectura de su palabra. Te dará de su miel y sanarás.

“Come la miel, hijo mío, que es deliciosa; dulce al paladar es la miel del panal.” Proverbios 24:13

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