Completamente Satisfecha

Aunque hubiera deseado quedarme dormida más tiempo, no pude. El olor del chorizo con huevo y gorditas recién hechas, me llamó a levantarme ansiosa de la cama. Me dirigí rápidamente hacia la cocina. Mi mamá, ya tenía todo listo para que su “bebé”, osea yo, almorzara. Era sábado y el día de mi cumpleaños; Así que, acompañé lo antes dicho con frijolitos refritos y café con leche.

Casi estaba terminando de comer, cuando llamaron a  la puerta. Eran mis abuelitos, que venían a festejarme provenientes de la Ciudad de México.

Después de darme el regalo, abrazarme, cantarme las mañanitas y jalarme las orejas para que creciera; nos sentamos en la sala. Mi mamá, terminó de limpiar la mesa y se apresuró a sentarse con nosotros. Habían pasado solamente unos cuantos minutos, cuando mi abuela paterna, quien parecía haber diseñado los horarios de comida del ejército, le dijó a mi mamá con voz de mando:

– ¡Raquel, ya es hora de comer!

– Nosotras acabamos de almorzar- le replicó mi mamá, – Pero si quieren, vamos a comer al restaurante y que Julián nos alcance allá.

-Me parece bien- Le contestó, levantandose del sillón y tomando su bolso.

Salimos de la casa y más o menos en 20 minutos, estábamos en el restaurante “La Cigarra”, ubicado en conocida avenida de la ciudad de San Luis Potosí, México.

Recuerdo que mi abuelito, ordenó unas enchiladas potosinas; mi abuelita se decidió por la cecina; mi mamá sólo ordenó una limonada; y yo pensé que era una buena opción el caldo de camarón. Después, sentí que me merecía un postre, así es que, pedí una malteada de chocolate y un flan napolitano. Casi nos levantabamos de la mesa cuando llegó del trabajo mi papá y ordenó tacos de carnitas y al pastor. El olor de la carne, combinada con el ajo, comino, pimienta, cilantro,cebolla y piña; me sedujo. Entonces, ordené cuatro más para mí.

– ¡Dos y dos! – Le dijé al mesero.

Al terminar de comer, regresamos a la casa en donde ya nos esperaba mi tía, con un pastel, y al compás de: “Estas son, las mañanitas….”, me serví enorme rebanada. Convencida de que el pastel no baja sólo, me preparé una taza de café para acompañarle en su viaje.

Nos sentamos alrededor de la mesa. La plática era alegre y todos estabamos felices.

Pero de repente….sentí un malestar. Después, un movimiento impetuoso y extraño. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Parecía, como si el mismísimo Alien, luchara por salir ferozmente de mis entrañas para atacarme.

Mi mamá, que estaba sentaba frente a mí, me miró fijamente; y levantando la ceja de María Félix, me dijo:

– “¡Eso te pasa por trago…..!”

Nada más pude seguir escuchando, ya que al instante, salté de la silla y cual corredora olímpica busque el sitio conocido como: “Al fondo a la derecha.”

¡Ah! ¡Me sentía tan mal!

No sólo por haber depuesto dejando en tan desastroso estado el baño, sino, por la imagen que se fijó en mi mente al escuchar la palabra “Tragona”. Esta palabra, me hizo recordar a quien llamaremos, Zoila Barriga.

Zoilita, era una niña “Bodoque”. Sus padres se sentían orgullosos de ella porque decían que, “Mientras más gordita, más bonita”; De modo que, Zoilita, siempre parecia ser la creciente de un río cuando se acercaba a la mesa.

Al llegar la adolescencia, Zoilita  Bodoque, comenzó a desparramarse por todos lados. No había moda que le acomodara y lo que era peor, sus amigas se burlaban de ella y no tenía novio. Pensó entonces, debía combatir su mal. Consultó doctores y dietistas. Dando como resultado una serie de explicaciones: ” ….que si la tiroides…..que si el metabolismo….que si los genes…” Mientras tanto, la costurera se volvía loca diseñandole la ropa, para disimular la cinturita de tinaco.

Un día, una amiga osada, la invitó a un grupo de apoyo llamado, “Tragonas Anónimas”, o como decían las niñas ricas, “Comedoras Compulsivas”. Cuando volvimos a ver a Zoilita, era casi una Mexican Barbie. Había reconocido su debilidad y se había curado.

Aunque el final de Zoilita fue feliz, yo no quería pasar por lo mismo. Así es que me hice una promesa: No volver a comer tanto, en el día de mi cumpleaños.

Pero, ¿Qué tiene de malo comer demaciado? ¿Es solamente un problema estético y de salud? Pareciera que hoy esta situación preocupa más a médicos, cirujanos plásticos y sicólogos, que a los mismos clérigos.

La palabra “Gula”, se define como el deseo exagerado de beber y comer. En la Biblia, encontramos “glotonería” como un sinónimo, que consiste en comer en exceso y avidez. Es un deseo desordenado y falto de dominio propio.

¿En qué momento una necesidad humana , como es la de comer, se convierte en glotonería?  Sin duda, cuando se detiene el derecho del otro, al comer acaparando y dejando poco o nada a los demás.

El volumen de cuerpo nada tiene que ver. Una persona con sobre  peso, no necesariamente es glotona; mientras que una delgada, lo puede ser.

Tener un apetito voraz e insaciable puede llegar al punto de poner en riesgo la salud e incluso la vida. El trastorno conocido como bulimia, consiste en periodos de atracones compulsivos, seguidos de un sentimiento de culpabilidad y sensación de pérdida de control. De tal suerte que, la persona, come con hartura y luego se provoca el vómito, o bien, hace uso de laxantes y diuréticos.

La historia nos lleva a recordar los vomitorios de los romanos, en donde iban a expulsar todo lo que habían ingerido momentos antes, para regresar a seguir comiendo.

En días recientes, se llevo a cabo la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria 2009, dandonos a conocer las cifras del hambre mundial: 1000 millones de personas sufren de hambre; 105 millones más que el año pasado se agregaron a la lista. Lo terrible es que , mientras unos mueren de hambre, otros mueren a consecuencia de bulimia y enfermedades relacionadas con la obesidad.

La Biblia, por su parte, nos muestra el pasaje del pueblo de Israel y las codornices en el desierto. En ese evento, el pueblo se apresura a recolectar no menos de dos toneladas de comida para cada quien. El comentarista Pablo Hoff, nos ofrece la idea de que probablemente, habían comenzado a comer incluso, la carne cruda en su desesperación. La ira de Dios, se encendió contra el pueblo, pues maná no les habia faltado y no estaban hambrientos. Fue  a causa de su glotonería y codicia, que el Señor, envió una plaga que provocó gran mortandad (Numeros 11:31-35 NVI).

Más adelante, el apostol Pablo, nos invita a andar “…Como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras….” (Romanos 13:13)

La glotonería, al igual que las drogas y la embriaguez, se tratan de disimular con una sonrisa y se condimentan con el consumo a escondidas, la depresión, la soledad, la mentira, falta de voluntad e irreverencia por la vida.

Jesucristo, es el único que puede satisfacer nuestra necesidad espiritual; que es la que provoca ese sentimiento de vacío y de falta de amor. Reconocer la incapacidad ante el problema y pedir Su ayuda para cada día, para cada momento; son el primer paso.

Sólo El, puede libertarnos sanando y restaurando nuestra mente trastornada, dandonos satisfacción y paz. El puede y quiere, saciar nuestra hambre de amor, nuestra hambre de Dios.

La comida ha de ser, entonces, lo mejor cocinada y presentada posible; para saciar el hambre y recobrar fuerzas.

¿Cómo podremos ser honestos delante de Dios al pedirle que lleve la comida a los que no la tienen? A través  de nuestra compasión y evitando comer de más.

Sólo en Cristo, encontramos equilibrio para amarlo a El, y a nuestro prójimo, como a nosotros mismos.

“Mi alma quedará satisfecha como de un suculento banquete, y con labios jubilosos te alabará mi boca”   Salmo 63:5 NVI

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