Otra Oportunidad.

Lúcida, había cometido algunos errores en su vida. Cuando era niña pensó que podía dormirse un ratito  mientras que su hermano menor la mecía en el columpio. Cuando era adolescente, trató de abrir una  lata de grasa para zapatos con la llama de un encendedor. Para cuando alcanzó la mayoría de edad, buscó ser miembro de una iglesia bajando a las aguas bautismales con aletas y visor. Digamos que el sentido común, no le asistía.

Al cumplir los 19 años conoció a Tranquilino quien acababa de graduar de Administración de Empresas. El romance se dió mientras acudían a un asilo de ancianos para hacer trabajo voluntario los lunes por la tarde. Nunca podremos saber si Lúcida  pusó en peligro esas preciosas vidas; lo que si sabemos, es que Tranquilino la vió tan desvalida, que lo único que le inspiraba era querer protegerla al ver sus manos temblorosas y su cuerpo pequeño y delgado.  Después de tres meses se casaron. La familia de Lúcida estaba feliz  porque al fin habría alguien que se hiciera cargo de ella y de los pagos por llamadas de emergencia.

Un día, Tranquilino llegó a la casa un poco apesadumbrado.

– ¿Qué tienes Tranqui?

– Lo que pasa  es que he tenido por días una idea de cómo mejorar el departamento de ventas; pero no he encontrado el momento de comentárselo a Severo, mi jefe.

-Pues, yo tengo una idea….

-¿De verdad?

-Invítale a comer y aquí le presentas tu plan.

-Bueno; pero…¿Qué harás de cocinar?, apenas estás aprendiendo.-Le respondió con cautela, para no ofenderla.

-No te preocupes por eso…mis malos días han pasado. He recuperado la confianza en mí misma y para demostrarlo voy a ensayar toda la semana un platillo sencillo de cocinar para que  el próximo lunes venga a comer Don Severo y su esposa.

Lúcida practicó toda la semana y llegado el día se levantó muy temprano, limpió la casa y muy relajadamente comenzó a cocinar.

La receta se llamaba: “Rollos de Bistec”. Consistía en colocar una mezcla de puré de papa, chícharos,zanahorias, queso y tocino, en un bistec; enrollándolo sobre sí mismo y sujetándolo con un palillo. Previamente, se debía asar y licuar jitomate,ajo,cebolla,sal,especias. Se vertía la salsa sobre los bisteces ya colocados en un refractario y se cocinaban en el horno. Al momento de emplatarlo, se debían de retirar los palillos y servirse sobre una cama de pasta y aguacate.

Todo iba de maravilla; pero, al llegar a la parte de sujetar los bisteces con palillos, no encontró éstos porque de tanto practicar toda la semana se los terminó. Rápidamente, miró el relog y se dió cuenta que no había suficiente tiempo para ir a comprarlos, asi es que, pensó que podía sujetarlos con alfileres.

Debido a que los alfileres son más pequeños que los palillos, les insertó cinco a cada uno….¿o seis? Bueno, la verdad es que no tuvo la precaución de contarlos, y así, después de atiborrarlos de alfileres los metió al horno.

La hora indicada llegó y llamaron a la puerta puntualmente. Eran Tranquilino y Severo con Amadita su esposa. Después de ofrecerles un bocadillo para abrir el apetito, Lúcida les invitó a pasar a la mesa. Mientras tanto, ella se dirigió a la cocina para sacar los bisteces del horno. Al verlos, se sorprendió. Los alfileres habían desaparecido como por arte de magia. Y es que, al cocerse la carne; ésta se hinchó tragándose los alfileres. Intentó sacarlos; pero se dió cuenta de que sería una tarea imposible ya que al hacerlo arruinaría la presentación del platillo. Entonces, después de servir a cada plato dos rollos de carne,los llevó a la mesa y les dijo:

-Espero que les guste…sólo que hay un problemita….

-¡No te preocupes!- dijo Amadita- Nosotros estamos acostumbrados…

-¿De vedad?- le preguntó interrumpiéndole,-Entonces , ¿Ya saben que hacer con los alfileres?- Les dijo sonriendo.

En ese momento, Lúcida pareció transformarse en el temido Jigsaw, “El Asesino Enigmático”, dando a conocer las reglas de su pervertido plan y sus comensales, improvisadas víctimas esperando oír la orden: “¡Que comience el juego!”. No obstante, todos tomaron el reto y con los ojos del tamaño de sus platos,hicieron a un lado los cubiertos espulgando la comida truculenta en tiempo record, porque además de que Lúcida no tenía otra cosa que ofrecerles;tirar la comida ,se le hacía pecado.

Mientras se jugaban la vida comiendo, Severo recordaba algunas ocasiones en que Amadita, le había servido cruda la comida y lo injusto que él había sido con ella; por su parte, Amadita, pensaba en la vez que ella quiso conquistar al quarterback del equipo de futbol de la escuela, invitándolo a su casa e hirviendo 8 salchichas para hotdogs…pero sin agua; al momento de servirlos, el pan se prendió en fuego quemando el plato desechable, el mantel, la mesa y sus aspiraciones. ¿Cómo podría ahora ser tan dura con Lúcida?

Al terminar de comer, sudorosos; pero aliviados de haber logrado sobrevivir y en un gesto magnánimo y lleno de toda compasión, agradecieron a Lúcida y a Tranqui el haber aprendido a apreciar la vida a través de la comida. Dias después el proyecto de Tranquilino fué aceptado. Lúcida entonces, les ofreció a Severo y Amadita una comida en su honor para festejar.

La historia de Lúcida sucede a diario; aunque con diferentes elementos. ¿Cuántos errores se cometen en la cocina?Ya lo expresan los dichos: “¡Al mejor cocinero…se le va un tomate entero!”  y “¡A la mejor cocinera…se le humea la olla.”

Las posibilidades son infinitas. De tal suerte que la comida puede servirse: demaciado cocida, fría, cruda, desabrida, quemada, nadando en grasa; salada, aguada, chamuscada, tiesa, tibia, todavía congelada; carbonizada, apelmazada, incinerada, sancochada, reseca, calcinada; amazacotada, agria, sangrante, batida, empalagoza, tatemada; con una pestaña, con una mosca, con pelos, con grumos, con piedras, con plumas, con pellejos, con cáscaras; con plásticos, con etiquetas de compra, y demás…

De todos estos errores hay algo que debemos valorar y es el hecho de que la práctica, es una gran maestra. Para algunas personas, la maestra lo logra casi en las primeras lecciones; aunque para otras, la maestra ya se jubiló y ellas….¡ni para cuándo que aprendan!

La Bíblia, nos relata un caso por demás asombroso.

Durante los dias del profeta Eliseo, hubo una hambruna en Gilgal (2 Reyes 4:38-44). Eliseo, se reunió con la comunidad de los profetas pidiéndole a su criado que pusiera una olla grande en el fuego, y que cocinara un potaje para ellos. El criado, se apresuró a hacer lo que Eliseo le mandó y comenzó a prepararlo todo.Mientras tanto, “alguien” se acomidió a buscar los ingredientes y sin saber, encontró una planta con un fruto parecido al melón, y arrancando varias de esas frutas, llenó su manto de ellas y las llevó hasta donde estaba la improvisada cocina. Luego, las cortó en pedazos y las echó en la olla.  Eran calabazas silvestres. Por lo regular, éstas crecían en veredas, caminos y en lugares donde abundaban escombros. Eran conocidas  por su alta toxicidad y el ingerirlas en grandes dosis podía ser mortal.

Las calabazas hirvieron, despidieron olores y cuando se cocieron, sirvieron el caldo. Hasta ese momento,nadie pareció notar el error. No fue sino hasta que comieron y empezaron a sentirse mal que gritaron: “¡Esta comida, esta envenenada!”  ¿Imaginas la cara del criado? ¿qué hubieras hecho tu? Aunque él no agregó las calabazas, se infiere que estuvo al pendiente de la olla. No se trataba de que el caldo, no tuviera buen sabor;sino, de envenenar nada más y nada menos que a los profetas en la convención. El criado no solo no cuidó la olla, sino que tampoco supo lo que sirvió. Creo que si yo hubiera sido el criado, además de presentarle mi renuncia a Eliseo, pedir disculpas de rodillas a los profetas, y ponerme a llorar;  jamás hubiera querido volver a ser tomada en cuenta para cocinar.

Eliseo actuó rápido; y confiando en el poder de Dios más que en la harina, agregó ésta al caldo, neutralizando el veneno. La comida se tornó milagrosamente saludable y todos comieron y se saciaron. Pasando este acontecimiento, el pasaje nos dice que una persona oriunda de Baal Salisa le llevó las primicias a Eliseo y como era tiempo de sequía, Eliseo no tardó en pedirle de nuevo al criado que les diera de comer a 100 personas; ahora bien, ¿Tu le volverías a encargar la comida al criado después de lo que pasó? Yo, definitivamente no. Sin embargo, Eliseo da la orden y el criado después de hacer algunas preguntas, obedece; Dios obra y el milagro de la multiplicación de 20 panes de cebada y espigas de trigo fresco, dan de comer a un ciento y todavia hubo de sobra. Este milagro es comparado con la alimentación de los cinco mil por Jesus, descrito en los evangelios.

Nos dicen los comentaristas, que Eliseo, es un tipo de Cristo. No solo por la multiplicación de los panes, sino por las características de sus milagros, siempre misericordiosos y compasivos. Cubriendo las necesidades humanas más elementales.

Recuerdo que cuando me iba a casar, me dí a la tarea de copiar unas recetas de un libro que me prestó una alma bondadosa, ya que cuando le pedí a mi mamá que me enseñara a cocinar, me contestó: “¿Qué quieres que te enseñe, sí yo tampoco sé?” Entonces, cuando tenía tiempo las copiaba en la oficina. Mi jefe me alentó diciéndome: “Sonia, ¿Para qué copia esas recetas, si a “leguas” se ve que usted no conoce ni los ingredientes?” En ese  momento, creí que me lo decía porque me estaba gastando sus hojas y su tinta; pero cuando me casé, me dí cuenta que era cierto y que necesitaba el conocimiento. Las recetas me daban órdenes que yo no entendía:  “Monde… marine… sofría… desvene…macere…rehogue…” También me decía de tipos de chiles, de tomates, de hierbas…Lo que hice un día, fue ir al mercado y ahí, al primero que me dijo: “¿Qué va a llevar, güerita?”, le pedí unas ramitas de cilantro y peregil. Lo malo fue que me respondió: “¡Usted tómelas!”  Como para mí todas eran iguales, compré una de cada una de todas las que tenía en el puesto.Lo único que me preocupaba, era que mi esposo, al verme llegar con tanta rama, pensara que yo había abandonado la fe dedicandome a la santería.

Cuando llegué a la casa pastoral, mi esposo no estaba; pero una hermana llegó para adornar el altar del templo con flores frescas y después de preguntarle cuál era el peregil y el cilantro, pensé: ¡Pues, ya esta!, ya sé que haré con las hierbas que me sobraron…y de paso, le daré  más vida a los floreros.  Entonces, cuando la hermana se fue……pero esa,  es otra historia. Lo cierto, es que sin el conocimieto suficiente algunos errores en la alimentación pueden tener consecuencias terribles. El mal uso de remedios caseros, así como mal alimentar a un bebé  o a un enfermo, puede resultar fatal. Si lo hemos hecho de buena fe o sin mala intención, como nuestro personaje “misterioso”, Dios lo sabe y nos perdona.

El pasaje también nos enseña que Dios tiene cuidado de sus hijos y que comprende que hay errores que se cometen en la cocina. Y como lo haría la abuela o tu mamá, muestra su benevolencia componiendo la sopa. ¿No es maravilloso? Me emociona saber que a pesar de nuestros errores, el Señor nos ayuda a superarlos. No estoy hablando de pecado; por favor, no. Sino de simples equivocaciones que a todos nos pasan, por ignorancia o descuido. Nadie nace sabiendo los ingredientes, los tiempos y las medidas exactas; y en ningún otro ámbito queda mejor el refrán: “Echando a perder, se aprende.” Lo importante aquí es tomar nota y no renunciar. Siempre existe la tentación de desanimarnos ante un error cometido que aguijonea nuestra mente; pero acaso, ¿Remediamos algo con el desaliento?, recordemos que las equivocaciones no son eternas y declararnos vencidos ante un arroz batido, es absurdo. Querer volver a preparar la comida después de que casi te conviertes en “mata profetas”,seguramente no fue fácil; sin embargo, el criado se sobrepuso a la adversidad y en la segunda oportunidad, siguió cuidadosamente las instrucciones de Eliseo.

Como comensales, debemos también ser compasivos con quienes no saben los secretos que envuelve la cocina, y debemos ofrecerles otra oportunidad, como lo hiciera Eliseo.

Desde este espacio, me pongo de pie; y con la cuchara sopera en el corazón, saludo a todas aquellas personas que en éstas fiestas de fin de año, invitarán amigos y familiares;cocinarán lo mejor que puedan y sin embargo, la pasta, se les batirá; la carne, se les quemará; el pastel, no subirá y la gelatina, no les cuajará. Si esto te llegará a pasar, inténtalo de nuevo el año que entra. Si Lúcida y el criado pudieron, ¿Tu porque no?

“Pues Jehová tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus manos” Deuteronomio 2:7

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: