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De la Cama al Servicio.

marzo 19, 2016

 

“Enero y febrero: desviejadero,  ¡ Viviré un año mas!”

Era lo que mi abuela decía cada año,  y ansiosa, esperaba la llegada de la primavera. Aunque consciente de que Matusalén  murió por la ley de la grave-edad , mi abue con sus mas de 80 años lo celebraba por todo lo alto y es que bien se sabe  que en los meses de frío intenso los catarros pueden llevar a los ancianos a “pasar a mejor vida.” Esa era, en parte, la razón por la cual ella era un experta en temas de remedios caseros para aliviar el catarro y las friebres.

En cuanto a como contrarrestar la fiebre mi abuela echaba mano de dos  procedimientos básicos: Refrescarse y sudar.  Refrescarse, al tomar un baño con agua tibia para ayudar a bajar el calor corporal así como la alternancia de trapos húmedos  y fríos en la nuca y frente. Sudar, con una taza caliente de té de jengibre o con un caldo colorado bien picante por aquello de las bondades de la capsaicina. Pero cuando ella era la enferma, la situación era de lamentarse porque con fiebre y todo tenía ella misma que aplicarse los remedios y a su edad era super complicado caminar hasta la cocina para prepararse al menos el té. Y aunque la cocina era lo suyo, alguna vez la escuché quejarse por teléfono  “Me siento tan mal que quisiera tener la cama cerca de la estufa”20160319_214636_001-1

Ya sé que estarás pensando lo mismo que yo: ¿Por qué no me se ocurrió a mi antes?,  y es que a todas en algun momento de nuestra vida, especialmente si tenemos hijos pequeños y estamos enfermas, cansadas y sin dinero quisieramos solamente alargar la mano y hacer de comer desde la cama, ¿No es cieto?  Es mas, desde este foro  le ofrezco  a nuestros amigos arquitectos que me honran al leer este humilde blog la idea de una cama secreta en la cocina; no sé, en alguna alacena, detrás de la puerta o ya de plano debajo de los anaqueles para ser usada en estos casos.

Lo cierto es que para algunas de nosotras,  la casa y sobre todo la cocina,  se ven aun mas afectadas cuando estamos enfermas y por poco que hagamos la casa no funciona igual.

En la escritura encontramos a una mujer que tiene fiebre y que es sanada por Jesus mismo (Mateo 8:14-18).  Ella era la suegra de Pedro y el milagro de su recuperación se  describe – aunque brevemente- en tres evangelios.

El evangelio de San Marcos y el de San Lucas nos dicen que después de salir de la sinagoga Jesus fue a casa de Pedro, al parecer para tomar un descanso. Al entrar a la casa Jesus ve a la suegra de Pedro postrada en cama. Entonces Jesus se acerca, le informan que tiene fiebre y le ruegan que la sane.

Algunos comentaristas nos dicen que probablemente se trataba de fiebre de Malta o incluso de Malaria tan común en aquellos tiempos. Sin embargo, algunos otros nos indican que podría haberse  tratado de algo diferente ya que la palabra usada por Jesus al reprender la enfermedad es la misma que se usó para reprender un mal espíritu. Interesante,¿No?

Normalmente, la fiebre indica que el cuerpo se encuentra luchando contra alguna infección. Pero también, puede ser el resultado de preocupaciones, temores y ansiedades. De este modo cuando algo se encuentra oculto y no podemos o no queremos decirlo, nuestro cuerpo puede expresarlo también asi.

¿Sería esa la razón por la cual Jesus le toca las manos y no la frente o la cabeza? ¿La fiebre sería un indicativo de que algo le molestaba? ¿Acaso tendría ella algun problema con el servicio a sus semejantes? Recordemos que en ningun momento se nos dice que ella se encuentra grave. Es mas, ella no pide ser sanada. Jesus es quien la ve al entrar a la casa  y se acerca a ella.

Si ese fuera el caso, quiero decir que en mas de alguna ocasión creo haberme sentido como la suegra de Pedro: “¡Me voy a acostar, me siento mal y háganle como quieran!” También, debo decir que he pasado por  momentos en los que he creído tener razones suficientes para ir a la cama con tremenda fiebre y no servirle a mi Señor. Pero los años y la fidelidad de Dios me han enseñado que en el servicio siempre encontrarás tropiezos, desiluciones, injusticias y  gente que no ayuda. Que por momentos sentirás que tu eres el único ser en el planeta que carga con todo. Y en parte se debe al hecho de que hay congregaciones en las que en lugar de bancas hay camas- imaginariamente hablando,¡ Claro!- Todo mundo tiene fiebre y solo unos pocos son los que sirven.

Sin embargo, recordemos que Jesus tocó sus manos y se levantó  a servir.

¿Cómo o qué le sirvió a Jesus y sus discípulos cuando fue sanada? No lo sabemos. Tal vez, un vaso de agua solamente  o quizás les preparó un mole o algo mas complicado. Lo cierto es que de la cama ella  saltó al servicio y lo que en un principio al leerlo nos muestra un escenario oscuro y silencioso ahora se llena de ruido y alegres vaivenes provocados por esta anciana mujer.

Qué maravilloso es tener a un Dios como el nuestro para quien el género  y la edad no son un obstáculo . En su casa hay lugar para todos y todos podemos ser útiles. Él, nos ve y sabe lo que nos aqueja y como curarlo.

Querido lector: La casa de Dios, tu vida y la comunidad en la que vives no funcionan igual sin tu servicio dedicado al Señor.¡ Hay tanto por hacer! ¡Tanta necesidad que nos rodea! El mejor servicio a Dios es el que no busca ser recompensado con nada. Busca servir en el voluntariado. Si Dios ha hecho algo por ti, tienes que hacer algo por Él através de tu servicio a otros como lo hiciera la suegra de San Pedro y si tu salud no anda del todo bien permite que Él  toque tus manos y te libere del mal.

Sirvan de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres”

Efesios 6:7 NVI

 

febrero 12, 2016

dos que uno

Mejor son dos que uno

(Eclesiastés 4:9)

Para soñar, para reír,

para hacer planes y no dormir.

Para llenar el hogar de amor y comprensión,

para hacer dieta y ejercicios

y anticipar la llegada de un hijo:

Son dos,  mejor que uno.

 

Para alimentar el alma con cólicos y mimos

y para volver a ser niño;

Para pasear y abrigar

y las maravillas del mundo enseñar

Son dos, mejor que uno.

 

Para tenerles en los brazos,

para acariciarlos y besarlos

y a la escuela llevarlos.

Para pensar y dibujar

con mil proyectos a la par.

Para mostrarles al Redentor

y la fe,

y el amor….

Son dos, mejor que uno.

 

 

Para verlos partir,

para que sean independientes

para que triunfen y maduren

y sus sueños perduren.

Para adorar y dar gracias 

por todo lo provisto:

Por los padres, por los hijos

Son dos, mejor que uno.

 

Para viajar y volver a creer,

para cambiar y retomar,

para perdonar y orar

para discutir y valorar

para desayunar y por la tarde el café tomar:

Son dos, mejor que uno.

 

Para ofrecer un remedio

cuando se comienza a estar enfermo;

para encontrar alivio,

los lentes y un buen libro.

Para llorar en un cementerio por padres

e hijos que se han ido:

Son dos, mejor que uno.

 

Para colocarse el sombrero 

y alcanzar un florero;

para recordar…

para compartir….

para ser feliz hasta el fin:

son dos, mejor que uno.

 

-Sonia Hidalgo

La Boda Perfecta

febrero 2, 2010

Suertudina, creció observando videos de la boda de Diana Spencer y el Príncipe Carlos. Las imagenes de Lady Di arribando a la Catedral de St. Paul, en el corazón de Londres, así como el vestido de seda color marfil con diez mil perlas bordadas y una cauda de veinticinco metros de largo; representaban su sueño y el de cada mujer en el planeta. Embelesada, observaba a los distinguidos invitados provenientes de las casas reales, nobleza y aristocracia, luciendo sus mejores galas. La celestial música y la idea del momento de dar el “Sí”, al heredero de la corona de Inglaterra frente al obispo de Canterbury dejaban a Suertudina, casi sin aliento. Le conmovía la belleza que irradiaba la novia al salir de la Catedral y su descender por la escalinata de la iglesia; imagen que cautivó a todo el mundo y que la convertirian más tarde en “la Princesa del Pueblo”, como le hiciera llamar posteriormente el primer ministro, Tony Blair.

La fecha que eligió Suertudina para el dia de su boda, fue el 14 de febrero, el día del amor.  Aunque la boda sería al medio día, Suertudina abrió los ojos a las tres de la mañana, pues una leve punzada, la despertó,

– ¡No puede ser, la muela otra vez!- Pensó mientras se llevaba una mano a la mejilla.

Puso en práctica el remedio infalible de cerrar los ojos, tomar aire, y repetir tres veces seguidas: “No me duele, no me duele, no me duele”. El remedio funcionó y se volvió a dormir, para despertar a una calurosa mañana llena de nerviosismo y preparativos de última hora.

Al arribar a la iglesia, notó inmediatamente que la seguridad del lugar estaba al máximo; pues el hijo de doña Beta (Doña Elizabetha), se encontraba a cargo y con una garra en la mano hacia señas murmurando:”viene,viene..” a cuanto carro se estacionara. Auxiliado con un mecate amarrado a un árbol, cerraba el paso a transeuntes procurando apartar lugar para estacionar el carro de la novia.

Al descender del automóvil y dirigirse hacia el atrio del templo, Suertunida se percató de algo extraño. No había ningún invitado afuera y en el interior del templo había poca gente.  Al llegar a la puerta su mamá le hizo saber de inmediato y en voz baja que la persona encargada de tocar la marcha nupcial, había tenido un contratiempo; en su lugar, le había pedido a Elton Juan, el hijo de la vecina, que tocara el procesional. El problema era que Elton estaba atorado en la lección número ocho del curso para piano “Enseñando a tocar a los deditos” y como todo un principiante y concertista en ciernes, comenzó a tocar el procesional, interpretando el ejercicio número seis de dicho manual titulado: ” Dias de Béisbol”.

El cortejo nupcial comenzó con la entrada de la robusta tía Estefania, apoyada en su andadera y vistiendo un diseño, “Llévese tres por el precio de uno”; a su lado, el tío Felipe luciendo orgulloso el uniforme y las insignias de policía bancario, debido a que no le dió tiempo de cambiarse la ropa.

Detrás de ellos Sofía, hermana del novio y futura cuñada, que con una peineta de plumas en la cabeza -símbolo de aristocracia y moda arcaica- trataba de contener la melena de leona en medio de un tornado. Alberto, su esposo, envaselinado a más no poder y caminando con delicado paso cual asustado venado -alargando el cuello y moviendo las orejas- intentaba ligarse a cuanta soltera veía.  Enseguida, los esposos Cuarto, Enrique Cuarto y Beatriz, a paso de gallo-gallina.

El momento tierno del procesional lo protagonizó la niña de las flores y sobrina de Suertudina, quien al ver al predicador a la distancia, se asustó y comenzó a llorar arrancándose la tiara de un jalón; su mamá, avergonzada por tal exabrupto, la hizo hacer el recorrido a la fuerza y a punta de “zapes”.

En el altar y como si fuera el Príncipe Carlos…pero mejorado; se encontraba Inocencio esperándola como  un gallo comprado y listo a ser ejecutado. Atado al altar, parpadeante y parandose en un pie primero y luego en el otro, ya que los zapatos nuevos le apretaban.

En la puerta de la iglesia, asida del brazo de su padre y radiantemente hermosa se distinguía Suertunida como si encabezara un mitin por la avenida central rumbo al zócalo; pues todos los invitados morosos, se habían instalado justo detrás de ella arruinando la posibilidad de una buena fotografía.  La marcha nupcial comenzó a escucharse a ritmo de cumbia ya que Elton hizo su mejor esfuerzo, ejecutándola de oído.  Para no desairar a Leticia, la hermana del tío de Inocencio, Suertudina permitió que su hijo Andresito de apenas cuatro años, le sostuviera la cauda. A pesar de que Leticia lo amenazó con quitarle la espada de La Guerra de las Galaxias, Andresito, accedió a ser parte del procesional, alternando la espada al tiempo que se limpiaba la nariz y depositaba residuos en el vestido de la novia.

Al llegar al altar, la soprano Guillermina Vanessa ( Guillermina Van Essa), intentó entonar a capela, “El Padre Nuestro”; pero como Elton no tenía idea, le dió el tono dos octavas  mas abajo confundiendola y dando como resultado el maravilloso canto de una rana con flemas que sonó presagiando la unión con un Príncipe y el momento de un beso de amor que lo transformaría todo.

El ministro, con acento extranjero y vistiendo túnica extra larga, ignoró por completo la liturgia e improvisó la ceremonia que tardó cinco minutos en oficiar, para luego, pedir a los congregantes tomaran asiento y así comenzar a dar un sermón breve de 45 minutos. Habían transcurrido tan sólo 6 minutos de los 45, cuando la congregación se encontraba más perdida en el sermón que Adan en el día de las madres. Los ancianos asistentes se durmieron convencidos de que lo mejor de la fiesta, es la siesta; las flores se marchitaban y el calor empezaba a hacer estragos en el maquillaje de la novia.

Mientras que el ministro se hacía bolas en su prédica contestando preguntas que nadie se estaba haciendo, la muela de Suertudina, comenzó a pedir a punzadas, la intervención de un dentista.  Al terminar su elocuente y significativa homilía, el sudoroso y fatigado ministro les pidió a los novios se pusieran de pie y miraran a la congregación, para declararlos oficialmente como marido y mujer. Justo en ese momento, el llanto de su sobrinito Carlitos estremeció el templo y un “cállate o te pego”, se escuchó por todo el santuario opacando la esperada pronunciación. Como el dolor de muela, no daba tregua, los novios se besaron discreta y rápidamente.

Al compás del ejercicio número siete titulado: “El cartero” , salieron del templo para descubrir el cielo nublado y la torrencial lluvia. A falta de paraguas de seda, los invitados se fueron corriendo al salón contiguo, en donde se realizaría la recepción.  Al entrar, Suertudina se dió cuenta que estaba repleto de invitados, todos ellos gente distinguida del pueblo que habían hecho a un lado el protocolo y como si fueran personajes de una cena medieval, se disputaban ferozmente los platos de comida.  El momento de las felicitaciones llegó y con ello las fotos del recuerdo en las que en todo momento apareció detrás de los novios la prima Engracia, quien hizo las veces de agente de seguridad pues además de estar bastante pasadita de peso y padecer un acné severo, nunca se despegó de ellos.

El dolor de muela se intensificó con el pasar de las horas, y al terminar la fiesta, la luna de miel se convirtió en visita urgente al consultorio del dentista, quien les abrió sus puertas para practicarle una endodoncia y colocar una corona de oro en la restaurada muela.

Sufriendo todavía los efectos de la anestesia, Suertudina llegó a la conclusión  que su boda no había sido tan perfecta como la de Lady Di; y que aunque  Inocencio no tenía sangre azul y no heredaria trono alguno, era el hombre de sus sueños y de quien estaba completamente enamorada. El amor había triunfado a pesar de los inconvenientes de la boda. Se amarían y serían felices por siempre, como en un verdadero cuento de hadas.

El primer milagro que Jesús realizó, lo llevó a cabo en la cocina de una casa en donde se celebraba una boda, según el evangelio de Juan (San Juan 2:1-12).

Jesús y sus discípulos fueron invitados a unas bodas en una ciudad llamada Caná de Galilea. La escritura nos relata que mientras la fiesta de bodas se llevaba a cabo aparentemente sin contratiempos,en la cocina, los sirvientes preocupados reportaban que el vino se había terminado;situación que provocaría una verguenza social para la familia de los novios, si no se actuaba con rapidez.

María la madre de Jesús, también había asistido a la boda y se cree que era amiga íntima de la familia de los novios, debido a que fué una de las pocas personas que supo de la falta de vino y que tuvo la oportunidad de actuar con libertad, al dar órdenes a los sirvientes.  María, le comunicó a Jesús que el vino se había terminado, sugiriendole su intervención.

Si bien es cierto que la falta de vino provocaría sañalamientos sociales, también debemos decir que no era una cuestión de vida o muerte y que no tenía nada que ver con el destino espiritual de los novios.  En ese sentido, se entiende la respuesta que Jesús da a María, al decirle, ” ¿Eso qué tiene que ver conmigo? todavía no ha llegado mi hora”, refiriendose así, a que su hora para ser revelado como el Mesías y de ser crucificado como Cordero del sacrificio para salvación y perdón de pecados, no había llegado.(Jn. 2:4 NVI) Los que manipulamos alimentos, sabemos de los apuros que se pasan en la cocina, y de cuando algún ingrediente escasea de última hora, bien sea porque no calculamos adecuadamente las cantidades, o porque no tenemos los sificientes recursos para obtenerlos.

Me alegra saber que los primeros en ver un milagro realizado por Jesús, fueran sirvientes de la cocina. Sólo ellos supieron exactamente como sucedió. Obedeciendo al mandato de Jesús, llenaron de agua seis tinajas que podían contener ochenta litros cada una o tal vez más, y luego, sirvieron el agua convertida en vino, dándole la primera prueba al encargado del banquete.  Los comentaristas nos dicen que tal cantidad de vino era mucho más de lo que se podía normalmente ofrecer, en un solo evento.  Jesús, manifestó su poder al transformar el agua en vino, no sólo siendo humilde al no solicitar el crédito por haber realizado el milagro, sino también al mostrar la bondad y la generosidad de Dios.

El maestresala, lo probó y fué enseguida a ver al novio, quien al parecer tampoco se enteró que Jesús contribuyó para su felicidad; y de esta manera el novio fué felicitado por el organizador de la boda, debido al estupendo vino que se sirvió al final.  Esto me hace pensar, que es así, como en ocasiones, Dios tiene cuidado de nuestras vidas. ¿Cuántos milagros habrá hecho el Señor por tí y por mí, y no nos hemos dado cuenta? Al pasar de los años podemos reconocer que fue la mano de Dios, que ahora nos da la dicha de contar con felices recuerdos.  En este sentido, el milagro de las bodas de Caná de Galilea, se sigue realizando hasta el día de hoy, en la vida de muchos.

Para Juan, como para el resto de los discípulos, el milagro -sobre una situación en aprietos- se transformó en una verdad espiritual en ése mismo momento; y lo que en un principio nos parece no tendrá mucha trascendencia, traspasa las paredes de la cocina y del tiempo del tal modo, que San Juan, lo da a conocer en su evangelio 70 años después de la crucifixión de Cristo; presentandonos a Jesús como el Hijo de Dios viviendo entre los hombres y a quien se le puede invitar, tocar, ver y escuchar. Quien tuvo y sigue teniendo amigos entre los hombres y que se complace en sus días de fiesta;que podemos aproximarnos a El, en cualquier nivel de necesidad que tengamos y que lo que pudieran ser trivialidades para nosotros, para Jesús no lo son; si esta de por medio nuestro bienestar.  Más tarde, los discípulos entenderían que cuando el vino del judaísmo imperfecto se hubo terminado, Jesús vendría para ofrecer el mejor vino: su propia sangre derramada en la cruz abundante y para todo aquel que quiera beberla.

En una circunstancia de la vida cotidiana , y desde la cocina, Jesús dió testimonio del amor del Padre quien le envió para revelar su gloria y para que nosotros podamos creer en El, como lo hicieran sus discípulos en la boda que gracias a Jesús, fue perfecta.

“Depositen en El todas sus preocupaciones, porque El cuida de ustedes”

1 Pedro 5:7 LBL


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