El Anfitrión.

 

Los que saben nos dicen que un buen anfitrión es quien….

1. Elige la fecha, el lugar y la hora  que sea  mas conveniente para sus invitados.

2. Planea el menú de acuerdo a la ocasión, gustos y  edades de los invitados.

3. Da a conocer el código de vestimenta.

4. Tiene la casa en perfectas condiciones. Y si la reunión se realiza en algún salón de eventos o espacio diferente, procura que no falte nada.

5. Recibe y despide a cada uno de sus invitados.

6. En la mediada de lo posible, incluye a todos en la conversación.

7. Procura crear un ambiente lo más cómodo posible.

8. Esta al pendiente de sus invitados desde que llegan hasta que se van.

 

El salmo 23 en su segunda parte, nos presenta al Señor como el Anfitrión.  ¿No es fantástico?  Me imagino al Señor preparando todo del mismo modo que tu y yo hacemos cuando recibimos a un amigo en casa; aunque debo decir que las circunstancias que describe el salmista son  muy diferentes debido a que el Señor prepara un banquete en tu honor justo en los dias en que mas dificultades tienes.

La reacción mas lógica cuando recibimos una distinción de este tipo y  no estamos ni nos sentimos  al cien por ciento es aplazar la fecha para una mejor ocasión. Sin embargo, David escribe: “Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos; has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.….” (vr.5)

Pero, ¿Quién puede disfrutar de un banquete cuando se encuentra  en serios problemas?  ¿Quién puede comer agusto cuando se esta rodeado de enemigos y la vida peligra?

Para tener una mejor  perspectiva del  pasaje Hans-Joaquim Kraus nos ofrece tres grupos de imágenes que  ilustran gráficamente la conducta tortuosa y cruel de los enemigos de David descrita en los salmos :

  1. Se compara a los enemigos con un ejército enemigo que ataca a los desamparados y asedia de forma prepotente. (Sal. 27:3)
  2. Se compara a los enemigos con cazadores o pescadores que tratan de cobrar su presa. (Sal. 35:7 ss)
  3. Se compara a los enemigos con fieras salvajes. (Sal. 10:9)

Los enemigosde David  eran  impíos; eran violentos, tramanban, planeaban, ridiculizaban a sus victimas, buscan cómplices y tenían hambre de venganza.

¡Suficiente maldad para perder el apetito!

Lo triste es que estos enemigos los podemos encontrar entre los compañeros de trabajo o por causa de nuestro trabajo, entre las falsas amistades y hasta en la propia familia.

¿Qué hizo el Anfitrión para que David comiera tan agusto?

En primer lugar y por raro que parezca,  el Señor no acaba con los enemigos ni  prepara el banquete en un lugar aparte o  escondite  donde ellos no puedan ver o molestar; todo lo contrario, la mesa es puesta en presencia y ante los ojos de los enemigos.  ¿Cual es el objetivo? Que todos vean la bondad y la misericordia de Dios para con David. Si bien es cierto que no había peor cosa para sus enemigos que ver su felicidad, también podemos decir que es una demostración del cuidado que Dios tiene por sus hijos ante aquellos que pretenden robar su integridad. Al final ellos decidirán reconocer y arrepentirse o sufrir las consecuencias.

Por su parte,  David acepta la unción sobre su cabeza que le trae alivio y ánimo para no dejarse influir por la actitud ajena y sus malos deseos.  No se queja.   Se siente bendecido. Su copa rebosa y le hace cantar al amor expresado por el Anfitrión asegurando que la misericordia de Dios seguirá sobre él por todos los dias de su vida aunque los enemigos vayan detrás de él, aunque le ataquen por la espalda pues  se ha tornado  invulnerable al confiar en Dios.

Como en los tiempos de David, hoy el mundo entero es testigo de la protección de Dios hacia el pueblo de Israel quien a pesar de estar rodeado de enemigos prevalence .El Anfitrión ha puesto la mesa en medio del conflicto  Israelí y en el  de  todo aquel que le reconozca como su Pastor para que sus enemigos pueden ver los cuidados del  Dios verdadero.

¿Estas rodeado de enemigos?  Confia en El.  La mesa esta servida  y el Anfitrión te espera.

“Aunque se enojen mis enemigos, me ofreces un banquete me llenas de felicidad; ¡me das un trato especial!”  Salmos 23: 5 TLA

 

 

 

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