De Amargo Sabor.

¿Se te ha amargado alguna vez la comida?

No, no hablo de aquella ocasión cuando los comensales que te acompañaron te amargaron la velada con su conversación desagradable , sino de la comida en sí.

La sopa de verduras  puede resultar un desastre si alguno de los ingredientes ha decidido soltar su amargura en tu extraordinario platillo  mientras que tú, por ser tan confiada  y nada mal pensada, ni te has percatado de ello durante el proceso.

Otro de los sabores  básicos para el ser humano  y el más desagradable es sin duda, el amargo. Los expertos nos dicen que una de las  razones para tan áspero sabor  es que nos ayuda a identificar y asi evitar, el envenenamiento, ¡ Interesante! ¿No? Por consecuencia, también lo son  los medicamentos- y en especial -los antobióticos .

¿A quién no le engañaron sus padres  cuando era niño diciéndole: ” Tómate el jarabe para la tos, sabe bueno….sabe a dulce” ?  y ¿quién no sació su curiosidad  chupando la aspirina en lugar de tragarsela de una buena vez? No obstante algunos aprendimos  a disfrutar  del chocolate amargo y del  café bien cargado. Lo cierto es que en algun punto de nuestra existencia hemos probado o experimentado el sabor amargo. Ya sea entonces  porque nos obligaron , por eleccción propia o porque a estas alturas no hemos  desarrollado el hábito de lavarnos bien los dientes.

Los expertos, nos ofrecen  una forma de quitarle el amargor a ciertos  ingredientes  cuando sospechas que podrían echar a perder tu comida. Se trata  de simplemente sumergir en leche con azúcar por un par de horas, las  rodajas de  papa,  zanahoria,  calabaza o  pepino. La frase: “¡ Me importa un pepino!” No tiene lugar aqui. No es desechando, sino edulcorando el pepino.

¡Si lo hubiera sabido antes!

Cuando estaba recien casada y desesperada por mi ignoracia en los quehaceres culinarios le llamé por teléfono a mi abuelita para que me diera algun consejo o alguna receta fácil de hacer. En realidad, lo que yo pretendía era que mi abuelita fuera a mi casa a hacerme la comida, pero como vivía muy lejos y convencerla me quedaba aún mas lejos, preparé lo que según sus dulces palabras fueron:  “Un caldito de pollo para dos muy sencillito.” Era para dos, pero invitaba ser para tres, pues cuando el caldito comenzó a despedir olores, mi perrito Darío -que en paz descanse-,  se apuntó también con una porción. Nunca había cocinado un caldo de pollo, asi es que  sería otra  oportunidad de “impresionar” a mi esposo con una comida decente. Desde el momento que comencé a preparar la comida imaginaba a mi esposo feliz y a Darío durmiendo panza arriba después de comer. Una vez mas, todo iba de maravilla. Tras pasar toda la mañana limpiando el pollo y   destapando la olla  veinte veces cada cinco minutos para ver si ya estaba listo, lo serví orgullosa y muerta de hambre. Intentamos comer y ….¡ Oh desilusión! Estaba tan amargo que ya ni Darío lo quiso probar.

La escritura nos presenta un acontencimietno en el cual el pueblo de Israel sufrió una gran desilusión.

Despues de haber sido  liberado y atravesar el Mar Rojo, el pueblo de Israel teme a Dios, cree en Él y en su siervo Moisés a quien reconocen  como su líder y quien les  ordena  internarse en el desierto por el cual llegarían a la tierra que Dios les había prometido.  (Ex.14:31) Comienzan la caminata con júbilo , con la expectativa de una vida mejor tras sufrir más de cuatrocientos años bajo  la esclavitud egipcia.  Después de haber experimentado tantas señales y milagros no había duda que todo estaría bien. Pero tras  caminar tres dias sin hallar agua y buscarla con desesperación para poder -ya no abastecerse-, sino sobrevivir, encuentran  un oasis. En esta primera parada parecía que Dios había resuelto una vez mas sus problemas milagrosamente, ¡Un oasis!  Sin embargo la escritura nos relata que no pudieron beber de él porque las aguas eran amargas. (Exodo 15:22-27)

¿Imaginas su desilusión?  ¿Si vinieras  cansado de caminar por tres dias , con una sed extrema y encuentras  agua pero no la  puedes beber, cuál sería tu reacción? No era cuestión de ser optimista o de tener “buena actitud”  no era un simple incoveniente, era un asunto de vida o muerte.

Nos es  necesario colocar la situación de dolor y  de desgracia  en el debido lugar para poder entenderla y dar paso asi  a la mano poderosa de Dios.  Me molesta cuando sin detenernos a reflexionar, ofendemos el dolor ajeno con una frivolidad ingnorante de cristianos “super dotados” que solo aconsejan sonreír ante acontecimientos catastróficos. Que ven en todo  salidas fáciles, sea porque no lo han sufrido, o de plano, porque  son insensibles. Tenemos que aclarar nuestra visión y ver la tragedia: Bebés a punto de morir , niños llorando, ancianos con labios resecos, algunos tal vez ya alucinando;  a una multitud  con dolores de cabeza, náuseas  y  fatiga. El pueblo esta desesperado, deshidratado y  a punto de morir. La situación es amarga, raspa, duele, desgarra. Razón por la cual el lugar fue conocido desde entonces  como Mara, que significa, “Amarga”; porque fue un acontecimiento que no pudo pasar desapercibido para muchos al correr de los años.

Ante tal circunstancia el pueblo comenzó a murmurar en contra de Moisés y  preguntaban, ¿Qué vamos a beber? En el caso particular del pueblo de Israel, diremos que  es un pueblo que ha venido de tener que  obedecer al amo obligadamente.  Un pueblo maltratado fisica y psicológicamente. Que no sabe como comportarse en libertad, que espera de una forma equivocada que Dios se haga cargo de todo; que  piensan que porque ya han sufrido lo suficiente y han creído, lo merecen todo.

 En ocasiones reaccionamos como el pueblo de Israel, en contra de nuestra familia, de  amigos y hasta en contra de Dios ante acontecimientos que nos han amargado la vida. No, no estoy hablando de un simple dolor de cabeza o de que alguien te ha maltrato hoy.  Estoy hablando de algo mas grave que cambia  el rumbo de tu vida para siempre. De cuando pensabas que el amor  duraría para toda la vida,  de un negocio que no  resultó como  lo esperabas y que te esta llevando a la ruina, del descubrimiento de una enfermedad crónica en plena juventud,  de la pérdida trágica de un ser querido, del nacimiento de un hijo discapacitado, de una traición, etc. Todo esto que ocurre cuando no lo esperamos, cuando pensamos que todo esta en su lugar y que la vida nos sonríe. De cuando  buscamos explicaciones donde no las hay.  De cuando nos preguntamos  ¿Por qué a mi? “Ahora que le estoy buscando”, “ahora que estoy en sus caminos”, “ahora que creo en El”. De cuando nos preguntamos si Dios nos ama  en verdad,si nos ha abandonado, o  si es un castigo.   Ante la falta de respuestas  rápidas pretendemos que Su presencia anule las emociones para que aún frente al dolor éste no duela y encontrar asi el consuelo de Dios donde no existe. Entonces la pregunta se nos hace necesaria:   ¿Podrá el Señor endulzar las aguas antes de que yo llegue? ó ¿Podrá Dios desviar todo mal de mi vida para siempre?

Moisés clamó al Señor, y él le mostró un pedazo de madera, el cual echó Moisés al agua, y al instante el agua se volvió dulce (NVI) y el pueblo pudo tomar agua.  Los comentaristas coinciden en el hecho de que  la madera que fue echada en las fuentes no tenía propiedades para hacer el agua potable. Dios obró y  la endulzó. No abrió  otra fuente, no la cambió,solamente suavizó  los aspectos más desagradables, más hirientes; de tal forma que el agua pudiera al menos, beberse. Situacion diferente a ésta es cuando mas adelante  leemos que el pueblo llega a Elim en donde había doce manantiales y setenta palmeras.  Lo que significa que Dios no quitará, pero si endulzará las experiencias amargas de la vida.

Es ahí donde el amor a Dios toma lugar en un contexto no ideal, no solo cuando todo esta bajo control sino mas bien en un mundo  en el que gente real vive y esta expuesta a todo tipo de situaciones. Es reconocer a Dios en todo lo que viene a nosotros. En lo dulce, en lo amargo. De tal  modo que  podemos decir  como  el apostol Juan a Pedro: “¡ Es el Señor!”  aún cuando estemos muertos de miedo y no hallamos  pescado nada en toda la noche.

El pasaje que nos ocupa nos da una razón para ello y nos dice que en ese lugar el Señor los puso a prueba…y les dijo:” Yo soy Jehová tu sanador.”  El Señor quiere que el pueblo entienda que es posible que cuando creamos que ya lo hemos logrado todo tengamos  aflicciones, dificultades, desaveniencias, malos entendidos, proyectos arruinados  y malos “amigos”. Que Dios es suficiente  tanto  en los grandes problemas como en  la necesidad de conseguir el  alimento cotidiano. Que las desiluciones  son  inevitables  y en su primer tramo, amargas. Tales  situaciones  deben llevarnos a la superación, a conocer mejor y a depender de Dios quien usa nuestras dificultades para fortalecernos y no para amargarnos. Para  evitar que seamos envenenados de orgullo, de vanidad y de autosuficiencia.

En este evento Dios demuestra al pueblo su poder y  autoridad y nos enseña que  el Señor no puede ser descartado de las cosas temporales pues Él esta en las situaciones mas aflictivas y dolorosas de la vida y es  Él  quien allana los caminos mas escarpados.

¿Hay alguien que todavía crea que el dolor no llegará? Es muy probable. Sin embargo, para otros, la buena racha todavía no llega.

El Señor promete que todo será para bien si le amamos a Él al punto de escuchar su voz, hacer lo que es justo y guardar Su  Palabra. Entonces vendrá y  sanará nuestras heridas aún cuando la vida nos sea de amargo sabor.

 “A Ti miran los ojos de todos, y a su tiempo Tú les das su alimento.  Abres Tu mano,y sacias el deseo de todo ser viviente.”Salmos  145: 15-16

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