¿Por qué Ana no quiere comer?

Una madre  preocupada, oraba fervientemente para que su hija entrara a la universidad. Al acercarse la fecha límite su preocupación se acrecentaba pues su hija no parecía tener una real oportunidad de ingresar. Decidió entonces comenzar a ayunar y a orar con mas fervor.  Un domingo antes de la fecha   pidió a los miembros de su congregación le ayudaran a orar.  Los dias pasaban lentos sin recibir la tan ansiada carta de aceptación. Pero en uno de esos dias, mientras cocinaba el almuerzo, sonó el teléfono. Era su amiga Brenda quien le contó entusiasmada que su hijo  había sido aceptado en la misma escuela a la que ella pretendía que su hija ingresara. Cuando terminó la conversación telefónica, se arrodilló y le rogó a Dios con todo su corazón,  “Señor, cómo puede ser posible que el hijo de los Gutiérrez haya sido aceptado y mi hija no? ¿ Qué dirá la gente si no es aceptada? Atiende a mis ayunos y ruegos; ¡No permitas que se burlen de nosotros  nuestros enemigos!…”  Después de orar unos minutos en la misma dirección se dió cuenta que sus motivos estaban llenos de orgullo y deseos carnales. ¿Contestaría Dios una oración así? La Palabra de Dios nos ofrece una guía acerca de cómo orar en estos casos.

Los capítulos 1 y 2 del primer libro de Samuel nos narran  la oración y la  historia de Ana una mujer que por ser estéril es  motivo de las constantes burlas por parte de Penina, su rival.

Algunos  comentaristas nos refieren que Ana se había casado con Elcana y al no poder darle hijos, Elacana decidió tomar como segunda esposa a Penina. En aquellos tiempos la poligamia era aceptada en la sociedad aun cuando nunca fue, ni ha sido,  el plan divino;el sufrimiento y los problemas consecuentes a este tipo de relación los podemos observar en las diferentes parejas bíblicas que mantuvieron esta situación. Uno de los problemas frecuentes en una relación poligámica de aquel tiempo- y de ahora- son los celos. La paz se disipa y la competencia entra en juego. Este era el caso de Penina quien a pesar de haberle dado hijos a Elcana no contaba con el amor que él, le profesaba a Ana. Las crueles burlas y  humillaciones  que  Penina vertía sobre Ana se convirtieron en una agonía para ella. Tanto, que Ana no deseaba comer.

Cada año Elcana y su familia acudián religiosamente para guardar las fiestas nacionales en Silo. En ellas adoraban a Dios y presentaban sacrificios. Pero ese año, la desesperación que Ana vive  por causa de la esterilidad la lleva al límite. Además de Penina, Ana es señalada por la sociedad y parece estar destinada a una vida gris. Al parecer jamás sabrá de los apuros y desvelos que producen la crianza de un hijo. Pero sobre todo, no tendra la oportunidad de ofrecer un futuro para el pueblo de Israel; el sueño de ser la madre escogida por Dios para engrendar al Mesías, se extinguía poco a poco. Lo único que la sotiene es la esperanza en el  Dios todopoderoso.

Elcana le ruega que coma, pero ella se niega porque la dimensión de su sufrimiento y tribulación han llegado a tal punto que no se puede compartir en la mesa. Ella  ha decidido orar y ayunar en total libertad. Ana no quiere que Dios sea tan solo un rumor para ella, una liturgia, una oración que hace solo cuando se siente triste. No puede contenerse mas y sin embargo, ante la insistencia de su esposo Ana come  y  se levanta de la mesa. A solas y dominada por el llanto, llega a las puertas del templo para derramar su corazón. En su oración, no se resigna a vivir una vida a medias, lo quiere todo. Por eso hace un voto a Dios. Dios la escucha y le concede lo que pide.

Ahora bien,¿Cuánto tiempo pasó para que la oración de  Ana fuera contestada? No lo sabemos con certeza.  Pero podemos decir que pasó el tiempo suficiente  hasta el dia en el que ella  comprendió que si Dios haria el milagro no sería para contestar a una oración egoísta que  humillara  Penina. Con los años la petición de Ana se fue transformando en mas que en simplemente tener un bebé en sus brazos, hacer feliz a su esposo y en  ponerle un fin a las burlas. Era un sueño que trascendía mas allá de ella misma. Ana oró hasta que sus motivos fueron completamente puros. Este es el beneficio de las oraciones que tardan en ser contestadas. Mientras mas oramos vamos descubriendo que Dios quiere que seamos parte del proceso ayudándonos para  hacer  a un lado nuestro ego, para purificarnos y de este modo, Su nombre sea glorificado. Ana lo describe así, ” No multipliquéis palabras de grandeza y altanería; cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; porque el Dios de todo saber es Jehová, y a él toca pesar las acciones”. (1.Samuel 2:3)

Es en el momento mismo de la oración en donde Ana descubre sus carencias y en donde recibe la respuesta afirmativa, en donde dialoga y pacta con Dios; donde derrama su alma y promete  dedicar  al hijo que Dios le diere todos los dias de su vida.  Solo  entonces, Ana regresa, come y no esta ya  mas triste porque ha dejado atrás cualquier rastro de  pensamiento negativo, orgullo y falta de fe. Hay una nueva Ana porque en la oración ella es liberada. Ya no es solamente lo que Dios le puede dar, sino lo que ella le puede dar a Dios.

¿Son nuestras oraciones así?

Por lo regular pedimos aquí y allá, esto y lo otro. Pero no le decimos a Dios: “Yo te voy a dar de regreso lo que tu me has dado”. Me ha llamado la atención  cómo Ana le pide a Dios algo que no quiere solo para ella, sino que se lo pide porque piensa  regresárselo.¡ Que maravilloso es encontrar a esta mujer con una oración tan singular!  ¿No es lo que nos enseña Jesus en su parábola de los talentos?  Si Dios nos da un carro, ¿Lo usaremos para su gloria?; Si Dios nos da un hijo,¿ lo guiaremos a sus pies?; Si Dios nos devuelve la salud,¿ viviremos para El? Dios no solo espera nuestra petición, también espera  nuestra respuesta.

En su grandeza, Dios  le da un hijo a Ana y  un profeta al pueblo. Ella, se dedica a infundir en el pequeño Samuel el amor y la entrega al Dios de quien depende su vida. A El se deben por completo.

Samuel fue la respuesta a una oración. Una respuesta,  que  además aprendió a escuchar el llamado de Dios desde pequeño y que   creció para ser un hombre de oración que intercedió a Dios por el pueblo. Pero los Samueles no se dan así porque si. Como bien lo dice E.M. Bound ” Los Samueles que oran provienen de las Anas que oran”  Que oran obedeciendo a la voz de Dios en medio de la oración y que no la reducen a una mera letanía o ritual  y nada mas. No por nada en esta porción de la Escritura( 1:3) es la primera vez que se menciona el nombre de Dios como Yahweh Sabaoth, el Nombre que combinado expresa en extremo la soberanía de Dios. El es Soberano y debe reinar incluso en medio de nuestra oración.Es ahí donde le preguntamos a Dios cómo nos conviene orar y su Santo Espíritu intercede por nosotros.

Cuán simple resulta para algunas madres y padres de hoy  decir:” Dios me ha dado un hijo;  así como se lo pedí, así me lo dió” y pierden de vista que la verdadera bendición de ser fecundo no consiste en dar a luz un hijo,para presumirlo como Penina, sino para criarlo como Ana de tal manera que su vida honre al Dios que nos ha dado el privilegio de procrearlo; como ella expresó: “porque se lo pedí prestado”. En otras palabras,me lo diste en pureza, te lo regresaré igual; porque esa es la condición para entrar en Tu reino: vivir en santidad aquí, para poder vivir en la santidad de allá .Para eso debemos dedicarnos como bien lo hizo la devota Ana en cuyo canto expresa con alegría, “No hay Santo como Jehová”(1Sam2:2)

Cuando se llegó el tiempo requererido Ana cumplió su promesa y  trajo al pequeño Samuel ante el sacerdote Elí testificando: “Por este niño oraba”,  adora y eleva su oración y cántico  de gratitud.

¿Cómo regresó Ana a su casa después de haber entregado a Samuel? ¿Qué hizo cuando vió sus juguetes? Podemos estar seguros que el vacio que dejó Samuel  lo llenó ella de gratitud, de cantos, de risa y recuerdos porque Samuel se había conviertido  en el eslabon que unía a Ana y mas tarde a toda la familia con Dios. Ha sido  una dedicación total que la ha  llevado  a alcanzar un entusiasta autosacrificio que borda túnicas  para Samuel,quien se ha convertido tambien, en la promesa de la  voz de Dios al ministrar en la presencia de Jehová. Mas tarde leemos que el sacerdote Elí ora por Elcana y Ana y ellos engendran cinco hijos mas.

De este pasaje podemos  aprender que  una persona atribulada- como lo fue Ana- será afectada físicamente  pero al mismo tiempo a través de la oración, tendrá la oportunidad de destruir la vanidad y  los pensamientos de autosuficiencia. Que Dios esta listo a darnos lo que deseamos cuando hayamos quitado el objeto de nuestra oración del centro de nuestro corazón y lo hayamos depositado por completo en sus manos. Los ingredientes de una oración así son la devoción,la fe,la  dedicacion y la determinación.

Dios no contestó la oración hasta que Ana descubrió que la raiz de sus tribulaciones y pesares estaban dentro de ella y que solo Dios que mira el interior podia ayudarla. Ana por su parte, no comió bien hasta que se aseguró que su oración habia sido por fin refinada.

“…Pero los que estaban hambrientos dejan de estarlo.” 1 Samuel 2:5

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Una respuesta to “¿Por qué Ana no quiere comer?”

  1. Tito De La Rosa Says:

    muy bueno creo que eso es lo que necesitamos

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