¿Depresión invernal?

El invierno apenas comienza y nos dicen que al terminar el año debemos entregarnos a la introspección, a reflexionar, a ver hacia adentro…pero, ¿Para qué querríamos ver hacia adentro, estando la novela tan buena y en sus últimos capítulos? Sin embargo, debemos hacer un esfuerzo y arrojar por la ventana el control, Blackberry, Iphone, o lo que sea; o bien, dárselo al perro, o al bebé que chorrea baba; y darnos a la tarea de revisar en serio nuestra existencia, aun cuando el panorama no sea muy agradable y luego,pensar en seguir o redirigir el plan de vida inspirados en las palabras de Sócrates, quien dijo: “La vida examinada es la única que merece ser vivida”.

En ocasiones, ése monólogo interior nos resulta deprimente, pues al escudriñar las razones y motivos de vida, además de sacar a la luz problemas eternos sin resolver, invariablemete, tenemos que recordar los fracasos y a los que ya no están con nosotros. Es por eso que asomarse al interior cuesta tanto. Pero,¿Quién quiere darle más vuelta a los problemas? Mi abuela, filósofa de la vida, solía decir: “Si tu problema tiene solución, ¿Para qué te preocupas?, y si no la tiene…¿Para qué te preocupas?.”

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que para el año 2020, la depresión será la segunda causa de incapacidad en el mundo tan sólo detrás de enfermedades relacionadas con el corazón.

Depresión en latín significa hundimiento. Este sentimiento, puede ser transitorio y durar lo que 100 gramos de jamón en el refrigerador de una casa con 4 adolescentes; o también, puede ser  un padecimiento crónico y eterno como el paquete de bicarbonato, en el mismo refrigerador.  Lo cierto es que, la depresión así como la frustración son ecuménicas y tienen la capacidad de reunirnos a todos en algún momento de nuestra vida no importando edades, posición social, educación o creencias.

Los alimentos recomendables para contrarestar la depresión son frutas, vegetales y granos enteros que ayudan al cerebro a elaborar y segregar sustancias químicas que controlan e inhiben la temperatura corporal, el sueño, el humor y el apetito. Lo mismo sucede con el pescado. Ingerirlo al menos una vez por semana ayuda a combatirla gracias a sus ácidos grasos omega 3.

Psicólogos y psiquiatras han recomendado el medicamento conocido como Prozac a quienes la padecen, aun cuando suele tener efectos secundarios. Por su parte Lou Marinoff, autor del libro: “Más Platon y menos Prozac”, nos ofrece la filosofía como un remedio eficaz contra la depresión, lo cual me resulta interesante  pero inconveniente, pues el requisíto indispensable para hacer uso del asesoramiento filosófico es estar cuerdo…y ahí, yo no califico.

Los síntomas de la depresión más comunes son:

  • Aislamiento.
  • Irritabilidad.
  • Sentimientos de inutilidad o culpa.
  • Disminución importante de interés en las actividades cotidianas.
  • Aumento o disminución del apetito.
  • Insomnio o sueño excesivo.
  • Cansancio inexplicable o pérdida de energía.
  • Pensamientos recurrentes de suicidio o muerte.

Algunos de esos síntomas los presentó el profeta Elías (1 Reyes 19:1-8). La Escritura nos dice que Jezabel, la esposa de Acab rey de Israel, mando amenazar a Elías por haber dado muerte a sus profetas  y sacerdotes de Baal.  Elías, se preocupó, se asustó y huyó.  Después de llegar a Beerseba dejó a su criado y se fué solo por el desierto. Alejándose de todo, caminó un día entero hasta donde encontró un arbusto. Se sentó bajo su sombra y deseó morirse.

En el autoanálisis, Elías no salió bien librado, ya que desde su perspectiva, todo el esfuerzo no había dado los frutos deseados. Jezabel seguía en el poder y seguramente volvería a formar otro grupo de profetas y sacerdotes idólatras. Se sentía impotente y pensaba que la situación se le iba de las manos. ¿Cómo era posible que los israelitas, a pesar de ver el poder de Dios en el Carmelo no se convirtieran de sus malos caminos? Nadie estaba ahí para darle apoyo y ahora recibía amenazas de muerte. Llegó a la conclusión de que era un inútil, un miedoso y se sintió culpable de no haber logrado ser mejor que sus padres. Sus palabras de protesta fueron : “¡Estoy harto!”, y luego le pidió a Dios que le quitara la vida. Agotado de llorar y sin fuerzas, se durmió.

Interesantemente, El Angel del Señor viene a Elias no reprochándole su estado de ánimo, por el contrario, le lleva de comer a la cama. El menú:pan, rico en carbohidratos para recobrar energía; y en un jarro, agua fresca. Me alegra saber que el remedio de Dios para Elias fuera la comida que El mismo le preparó. Imagino a Dios diciendo: – “Este pan, para Elías. Y de tomar…agua cristalina; no le pediré que la obtenga de la peña. Se la enviaré en un jarro porque se siente tan mal,que lo que necesita es descansar.”

Comió, bebió y se volvió a dormir. Después de un sueño reparador, El Angel del Señor regresó y tocándole, le levantó para que comiera otra vez y recuperara fuerzas porque el camino que aun debía andar era largo. Tal vez, Elías pensó que el mundo se detendría por su sufrimiento; sin embargo, eso no era posible; la vida continuaba y había mucho por hacer. Elías obedeció y después de haber sido restaurado y sustentado por medio del alimento, viajó 40 días con sus noches hasta que llegó a Horeb, el Monte de Dios.

Hablar de las penas de otro es muy sencillo; reflexionar en las propias es complicado y más aun, cuando lo que se desea es inspirar.

Hace dos años que fallecieron mis padres. Y aunque no te puedo decir que me deprimí porque ninguno de los síntomas mencionados arriba, me aplicaron, si pasé por momentos muy tristes y de profunda melancolía.

Jesucristo y yo, nos conocemos desde hace ya algún tiempo y en todo momento estuvo aquí, a mi lado. El no me dejó y yo no me separé de El. En la distancia, lejos de mis padres enfermos y luego en las noches de hospital. En las horas más negras de mi vida. El me abrazó y sentí su calor. Las oraciones a Dios por mí, de parte de mis amigos y hermanos en la fe alrededor del mundo, fueron escuchadas. Después del sepelio y ya en mi casa, comencé a preparar la comida para mi familia. De repente, los recuerdos vinieron a mí como caballos desbocados. Recordé lo mucho que le disgustaba cocinar a mi madre, su comida que ya no volvería a probar, la cristalería que me había heredado y las veces que mi papá me preparó el desayuno cuando era aun niña. Un sentimiento de orfandad nunca antes experimentado se apoderó de mí. Las lágrimas entonces comenzaron a rodar por mi cara a tal punto que no pude más. Lo que hice, fue huir de la cocina hacia el lugar donde siempre tengo mi altar personal. Salí corriendo y al llegar, me arrodillé y le supliqué:

-¡Señor, por favor, ayúdame!- Escuché su dulce voz diciéndome,

-“Sonia, ¿Porqué no me invitas a tu cocina? Yo también sé cocinar”.

Me ayudó a levantarme y juntos regresamos a la cocina.

Cuando terminamos de hacer la comida, me dijo:

-” También, he aderezado la mesa para tí.”

Mi copa reboso de alegría y el gozo que puedas percibir en éstas páginas se debe solamente a El.

Alguien ha dicho que aceptar la voluntad de Dios, no es lo más duro. Lo más difícil, es aceptarla sin resentimiento hacia El, cuando los acontecimientos se vuelven terribles. La clave consiste en ver a Dios no como espectador de nuestro dolor, sino como partícipe de él, dándonos un pan y un jarrito de té. Las expresiones de ternura y cariño que tenemos hacia nuestro prójimo desalentado, provienen de Dios. El, es nuestro ejemplo y nuestro amigo en horas inciertas.

Elías se levantó impulsado por la realidad de que la vida continúa y que Dios esta en control de ella. Sólo en El, tenemos esperanza para continuar el camino. Más adelante,el Señor le muestra a Elías que sufrir no es lo peor, sino sufrir sin sentido. El Señor había reservado 7,000 israelitas que no se habían arrodillado ante Baal, ni lo habían besado.

En dos acciones aparentemente simples como son levantarse y comer, podemos derrotar a la depresión, que tiene la capacidad de cambiarnos de dirección al darle la espalda a las maravillas que nos presenta la vida diaria creada por Dios. La depresión llegará para quedarse, si comenzamos a pensar que Dios no tiene nada que hacer o que decir. Recordemos siempre que Dios trabaja en el silencio. En el silbo suave y delicado.

Los días de fiesta de fin de año habrán de pasar, y es probable que nos sintamos desalentados ante la quietud y el frío del invierno. Si le buscamos, Dios estará al pie de nuestra cama; para levantarnos con el desayuno a un nuevo amanecer creado siempre por El.

Feliz Año 2010 para todos.

“Tu, Señor, eres mi porción y mi copa….”  Salmos 16:5 NVI

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