El Cocinero de Dios.

Fué en una clase de formación espiritual en donde escuché por primera vez de Nicolás Herman, un Carmelita Descalzo del siglo XVII conocido mas tarde como el Hermano Lorenzo de la Resurrección. Su biografía me impactó ya que durante ese tiempo mis hijos estaban  pequeños y comenzaban a ir a la escuela; las tareas, unformes listos y proyectos escolares retrasaban -aún mas-  mis responsabilidades en la cocina. Además,  ¡ Tenía tantas cosas que hacer en la iglesia! Por si fuera poco,  unos meses antes de tomar la clase  me había visto en la necesidad de buscar un empleo.

El profesor de dicha clase comenzó contándonos acerca de la vida de Nicolás quien  se alistó en el ejército y al sufrir una herida severa en una de las batallas se vió obligado  a abandonar la vida de soldado. A la edad de dieciocho años se convirtió a Cristo al contemplar en pleno invierno,  un árbol deshojado y sin aparente  vida; lo que le llevó a pensar en  que al llegar la primavera, sus hojas serían renovadas y que aparecerían las flores y el fruto. Esta sencilla observación le  hizo reflexionar en el poder de Dios  que  le transformaría para siempre y que le hizo   entender que él era como ese árbol. Podía experimentar un renacer intenso si le permitía a Cristo manifestar, en su interior, la vida que promete a aquellos que creen en su Nombre.

Mas tarde se desempeñó como  el criado de un tesorero de nombre M. Fieubert. Pero sentía que no lograba ser un buen siervo, sino mas bien se consideraba así mismo como un compañero torpe y que rompía todo.Razón por la cual tuvo el deseo de ser recibido en un monasterio; pensaba que allí podía ser mas inteligente y tendría la oportunidad de superar sus flaquezas. Su primera asignación fue la cocina, lo cual-  al igual que yo- detestaba con todo su ser.

Cojeaba mucho debido a las heridas recibidas durante la guerra,sin embargo cumplía con todas sus tareas como cocinero y lavaplatos del monasterio. Aunque  participaba de la rutina que era parte de la vida del monasterio, descubrió que no recibía mucho beneficio al repetir las oraciones y las rutinas asignadas para esos periodos pues llegó a notar que lo peor de él salía a flote una vez entrando en la cocina: La premura, el ruido, las demandas,el desorden y  los platos sucios, le hacían sentirse fracasado en su vida espiritual.  Entonces, en un esfuerzo intencional por no perder la comunión con Dios comenzó a orar mientras cocinaba. Fue en la cocina, donde descubrió que nuestra santificación no depende del cambio de actividades, sino de hacer para Dios todo aquello que comunmente haríamos para nosotros mismos. Esta práctica le llevó a  expresar que era un gran engaño pensar que los momentos dedicados a la oración eran diferentes de cualquier otro momento. Leí mas tarde acerca de él, de su vida de oración y de lo que él llamaba su experimento de vivir “La presencia de Dios” a cada instante.

¡Ah!¡ Que tremendo testimonio fué  para mi!

Descubrí que de  nada nos sirve  habitar en la casa de Dios, estar involucrados en mil proyectos eclesiales, de tener buenas rutinas, e incluso una vida moral aceptable además de  dar consejos a diestra y siniestra, si -como he escrito en entregas anteriores-, no logramos vencer al momento de estar ante las situaciones que nos causan gran aversión. Pensar y hablar de lo que tenemos bien dominado o que es parte de nuestro carácter y que no nos demanda gran esfuerzo, es fácil.  Pero enfrentar intencionalmente aquello que nos saca de balance, que nos enoja,  que nos duele, es otra cosa. Por lo general hablamos a todo el mundo de  nuestra generosidad pero no de nuestra  tacañería, de nuestra disciplina pero no de cuando hacemos las cosas al  “ahí se va” y a la carrera; de nuestra responsabilidad usando algunas excusas;  de nuestra prudencia haciendo alguna  crítica; de nuestra felicidad y alegría de vivir y  no de cómo nos  evadimos de ciertas circunstancias ; de nuestra humildad pero no de cómo buscamos ávida y a costa de lo que sea la fama y la aprobación de los demás; de nuestro amor al prójimo,  pero no de nuestro desprecio a personajes de la vida política y de algunos de la farándula; de nuestra compasión, pero no de nuestro lujo innecesario; de lo bueno que es trabajar, pero no de nuestra falta de rendimiento y productividad; de ser gentiles con todos, pero no de nuestras malas reacciones; de servir, de orar, de ayunar, pero no de vivir.

El  hermano Lorenzo dijo que era necesario poner nuestra confianza en Dios, dejando de lado todos los otros cuidados de la vida, e incluso algunas formas particulares de devoción, aunque sean muy buenas, y que nos comprometemos en ellas muchas veces de manera irrazonable  e incluso para torcerle el brazo a Dios con nuestras súplicas y penitencias. Ese tipo de devoción es solo un medio para lograr un fin; cuando lo que realmente debemos hacer es buscarle a El, solo a El y nada más, ni siquiera sus dones.

Algunas personas en su deseo de orar mas fervientemente hoy hablan de horarios, de levantarse de madrugada, de comprometerse a orar por otros, de prometer y  de ese modo, verse “obligados” a orar. Para el hermano Lorenzo no había tal separación. No habían tiempos de oración porque su vida completa experimentaba la presencia de Dios contanstemente. Del mismo modo que cumplía con sus deberes en la cocina y  en los apuros mas grandes perseveraba en él la disposición a lo celestial. El ruido y el desorden de la cocina mientras varias personas le pedían al mismo tiempo cosas diferentes, le hacían tener la misma tranquilidad en Dios como si estuviera de rodillas orando. «El secreto de mi vida —comentaba— es que he logrado vivir como si a la tierra la habitaran solamente dos personas: Dios y yo». Juntos, Lorenzo y el Señor cocinaban, realizaban las compras, fregaban los pisos, limpiaban las ollas y soportaban el desprecio de otros que se consideraban más importantes. A menudo recordaba que Dios no considera la grandeza del trabajo ejecutado sino el amor con el que ha sido realizado y decía que todas las cosas son posibles para aquel que cree, son menos difíciles para el que tiene esperanza y son mas fáciles para aquel que ama, y aún más fáciles para el que persevera en la práctica de estas tres virtudes.

El hermano Lorenzo logró disciplinar la mente y el corazón de tal modo que los quehaceres cotidianos fueron su mejor ofrenda y sacrificio de alabanza a Dios.Cuando fallaba en su deber, simplemente confesaba su falta, diciéndole a Dios: “Nunca lo haré de otra manera si no me ayudas; tú debes evitar mi caída y reparar lo que he hecho mal” Después de esta confesión ya no se preocupaba más.

Quienes le conocieron refieren que él se sentía contento cuando podía,  incluso, levantar algo del suelo por amor a Dios. Un ejemplo mas, de lo que es  una vida santa: algo que es tan enteramente natural como el rostro resplandeciente de Moisés después de estar en la presencia de Dios de quien todos se sorprendieron al ver su brillo  y sin embargo Moisés ni siquiera lo había notado.(Exodo 34:29-35) Es la clase de santidad que nos conduce a nuevos niveles y que no nos deja conformarnos y exclamar ¿Quién acampará en la ladera del monte santo?  sino mas bien,  ¿Quién subirá al monte del Señor? ( Salmos 24:3 BLA)  Una vida ascendente y que no se conforma con el ascetismo de mediana altura, que no se siente mas santo por estar rodeado de gente  buena, que no se siente satisfecho y se alaba así mismo por haber  llegado un kilómetro mas que otros, que no se cree ni maestro, ni guía de nadie, sino un escalador mas cuyo guía montañero es Jesucristo mismo. Es quien ha llegado a exclamar como San Pablo, “ !!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Somos pues, llamados  a un cristianismo  no de banca sino de práctica que ha de desarrollarse aquí, en la tierra y ahora. Recordemos que  del concepto que tengamos acerca de vivir la vida cristiana dependerá la calidad de la misma. Es, agradarle a cada momento de nuestra vida o  como bien se ha dicho: “El ayuno es santo, pero la comida también lo es; la oración es santa, pero el trabajo también lo es; el celibato es santo, pero el matrimonio es un santo estado; la soledad es santa, pero la convivencia también lo es; la conciencia es santa, pero el sueño también lo es; el alma es santa pero el cuerpo también lo es.”

Mientras algunos Carmelitas hacian hincapié con respecto a un cambio de estilo de vida e insistían en un regreso al desierto, el hermano Lorenzo combinó las actividades de la vida diaria con la oración logrando transformar su cocina y vida en un altar para Dios. El cristiano de hoy deberá reconocer que el culto  no basta si no contiene un énfasis individual y práctico; Una combinación de adoración e integridad personal. ¿Es nuestra vida asi? ¿Qué situación te saca de tus casillas? ¿Qué es lo que mas detestas hacer?¿Sigues viviendo cuesta arriba?  El apostol San Pablo, por su parte, invita a  llevar cautivo todo pensamiento  a la obediencia a Cristo que es en donde radica el verdadero yo.

La falta de sofisticación y preparación teológica del hermano Lorenzo le resultaron singularmente favorables, pues fijó sus ojos en la persona de Dios con una devoción poco común entre los hombres que le rodeaban. Su pensamiento fue compilado  por José de Beaufort ,  quien coleccionó las cartas y las notas de el hermano Lorenzo y  guardó un registro escrito de sus conversaciones. Durante los quince años que estuvo  empleado en el monasterio, por la gracia de Dios, Lorenzo  hizo bien su trabajo, y encontró que todo había sido fácil y que fue ése humilde servicio lo que lo llevó a ser conocido como “El Cocinero de Dios”.

“Y todo lo que hacéis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de El a Dios el Padre.” Colosenses 3:17

About these ads

Etiquetas: , , , , , ,

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

A %d blogueros les gusta esto: